jueves 6 de octubre de 2011

Santiago

Hoy siento que puedo recorrer todas las calles de Santiago, siendo un fantasma entre sus semáforos, descalza, ebria entre la multitud, con latidos palpitantes en el cemento, segundo a segundo vidas que se apagan, sensaciones que parpadean bajo el efecto de mi andar. Vagar, entre humos, palabras volátiles, carcajadas perdidas, ahogadas en una caja de vino bajo la mirada triste de los arboles de la Alameda.

Perdemos nuestro tiempo forzando sonrisas, forzando abrazos y palabras amables. Imitando como monos, creyéndonos superiores, mejores personas, compadeciéndonos de temas que apenas logramos entender, aguantando disfraces pesados, llevando máscaras falsas con orgullo.

Y se estremece Santiago, bajo tus ojos, con palabras entrecortadas, conversaciones poco claras, promesas rotas y olor a alcohol. Y es otro quiebre en medio de la noche, pero esta vez tiene sabor a soledad amarga mezclada con olor a tierra húmeda. La sensación de victoria ya no está. Quemamos etapas mientras encendemos cigarros, sentados en un paradero bajo el cielo nublado.

Santiago se rinde a nuestros pies, con una reverencia obligada, nos abre paso por calles cortadas, arterias intervenidas por nuestro egoísmo. Caminar frente a la Moneda, sintiéndola tan ajena; y de la mano la contemplamos pálida, a penas en pie, nos sentimos más fuertes, más fuertes que ella, porque en ese minuto -cuando los autos dejan de aullar- se forma un minuto de silencio, ciclo eterno de nuestras miradas reflejadas en las ventanas y sus ventanas en nuestros ojos.

Somos más fuertes, nos sentimos más fuertes porque en ese minuto no importa nada.

Y Santiago se congela, mientras escondemos palabras de manera disimulada dentro de nuestros bolsillos. Esperamos tocar fondo, porque luego de eso ya no queda nada más. Y aun así desafiamos la ley de gravedad, con la infinita esperanza de que algo nos va a mover, nos hará avanzar en una u otra dirección.

Nos congelamos nosotros, fuertes, únicos, piadosos; con la boca bien cerrada, las manos apretadas y los oídos sordos. Depravados, privados y cohibidos. Petrificados por el miedo de la noche que suplica un poco de honestidad.

miércoles 20 de julio de 2011

amores, vicios y obsesiones

Mis manos, iluminadas débilmente, se ven masculinas, corté mis uñas porque me molestaban para escribir, porque estoy durmiendo mal -peor que nunca- y me aburrí de amanecer todos los días con un rasguño nuevo.. Así hacemos sacrificios, elegimos la opción "menos mala", desechamos lo que nos incomoda o hace mal. Por este motivo cortamos las ramas de los árboles cuando comienza a llover en invierno y los dejamos crecer frondosos para que nos provean de sombra en verano. Por eso comemos cuando nos da hambre y cuando nos sentimos mal, vomitamos.

Sin embargo, cuán fácil es deshacerse de una persona que te estanca? Cuán fácil es detener un vicio que te está matando? Cuán fácil es terminar con una obsesión cuando te ha consumido por completo? Los amores -o amoríos-, los vicios y las obsesiones suelen no ser tan frágiles como el follaje de un cerezo, no son tan fáciles de cortar o de hacer florecer, porque son procesos, compases que se enraízan en tu vida, se transforman en hábitos -ya sean buenos o malos- se confunden contigo y se hacen parte de ti.

Decir, asumir y reconocer que el cigarro me está matando es simple. Llevar 12 días sin fumar, no lo es tanto.
lado racional escribiendo:
Pero (pero número 1) qué pasa cuando cambiamos la variable "el cigarro" por "el-nombre-equis-de-una-persona"? Qué pasa cuando debes decir, asumir y reconocer que es una persona la que te está consumiendo, la que te está matando?
Primero reconocemos si el "consumo" es más bien positivo o más bien negativo.
Más bien positivo sería la fase de ahueonamiento en la que no puedes hacer otra cosa más que pensar en ella/él. Y que, de cualquier manera, termina siendo negativo porque dejas de ser tu mismo, pierdes tu esencia, por culpa del ahueonamiento, porque no te deja avanzar, porque te hace débil.
Más bien negativo sería cuando él o ella es cuático -así de simple- y, por ejemplo, es medio/a violento/a y temes que su relación termine en homicidio.

Pero (pero número 2) qué pasa cuando tu no eres el afectado, sino quien está afectando? Y te das cuenta que estabas estancando a esa persona equis, y tanto mal le hacías que persona equis decidió deshacerte de ti por su bien? Es posible que, a pesar del amor, admiración que siente por ti, alguien decida eliminarte de su vida? Existe de verdad esa visión trágica de decir "te necesito tanto que prefiero perderte ahora, porque después no seré capaz de dejarte"? O es simple cobardía?

Podría jurar que a veces amo tanto a mis vicios como a mis amores, y dejarlos no forma parte de ni unos de mis planes a futuro. Quizá nadie decida dejar a alguien, simplemente pasa, sin que te des cuenta, porque todo, todo, tiene fecha de vencimiento.. Y cuando no encuentras respuestas -y ahora entiendo lo difícil que es vivir sin una respuesta- ese deseo de saber qué pasa, ese acercamiento te embriaga, te obsesiona.. y las palabras en mi mente suenan dulces y un leve temblor me agarra de las sienes, distorsionándome la vista de puro placer.. El humo del cigarro inundando tus pulmones, el sabor de alcohol saturando tus sentidos, el viento de otoño, el pálido sol de primavera..

Mis manos se ven masculinas frente a la luz pálida, decidí arreglarlas para poder escribir.. Porque sí, en tu ausencia, en esta pausa, este silencio eterno, soy mejor sin ti.

viernes 15 de julio de 2011

muerte

Recuerdo bien la última vez que te vi en el cementerio.. Fue hace más de un año.. Sin embargo, puedo asegurar que te he visto un millón de veces o, mejor dicho, a tu fantasma, la esencia de tu recuerdo inmortalizada frente a mis ojos.
Tengo un millón de imágenes, desordenadas, tiradas al azar dentro de mi retina. A veces encuentro tu sonrisa, tus palabras, tu mirada en otras personas; y otras tantas veces puedo sentir tu piel, las yemas de tus dedos en cada gota de lluvia, apenas rozándome, resbalando, y yo sin poder retenerte.
Aunque, por más que lo intento, no recuerdo cómo llegar a tu tumba. Al parecer, el camino más directo que me lleva hacia a ti es el más lejano, el más imposible.. Sé que tenía que caminar, caminar derecho, pero no sé cuánto tiempo.. Cuando hice el camino contigo, siempre que estuve contigo perdía la noción del tiempo.
Ha sido más de un año.. Quizá la mayor cantidad de tiempo que hemos estado separados, la única, sé que esta es la primera y la última, la definitiva.. Aun así, no temo recordarte a cada instante que me es posible. Ordenar las frases, jugar con los ritmos, como tu lo hacías.
Asumo que, después de perderte, no he dejado de imaginarte. Para mi estás, pero no estás muerto. Acepté tu partida -sin ni un adiós de por medio-, pero sigues viviendo.. Y cada vez que me encuentro contigo, con tu fantasma, o en sueños, todos los minutos que estuve junto a ti vuelven a cobrar vida, recuperan el color, los sonidos, los olores..
No te puedo dejar ir, no te puedo olvidar. Probablemente, no volveré a visitarte, sólo porque no sé cómo llegar. Quizá algún día me devuelvas todo lo que me quitaste, quizá algún día volvamos a compartir un cigarro, un café.. Y no puedo negar que aún te extraño.. Y, en el aire, haces falta.

sábado 2 de julio de 2011

sangre

Cuando lo encontramos, no supimos que hacer con él.. Era un fruto exótico, sangrante, vivo.. Lo tomamos, lo abrigamos en nuestras manos y pensamos en comerlo..

La simple idea de su sabor en nuestra boca, desgarrando su carne fresca con nuestros colmillos, nos extasiaba; pero antes decidimos examinarlo.. Lo servimos en bandeja de plata y, con nuestros cuchillos más finos, lo abrimos.

Lo diseccionamos con placer, descubriendo cada vaso sanguíneo que recorría su piel.. Cada deslizar de nuestros cuchillos, ejerciendo nuestra fuerza inhumana en contra de su delgada piel, era desatar un río furioso, un abundante caudal del color de la sangría, con aromas volátiles, adictivos.

Su esencia colapsó nuestros sentidos y arrasó con nuestra conciencia..

Nuestro instinto se volvió incontrolable. Abrimos nuestras bocas y con ansías lo agarramos con nuestras manos, enterramos nuestras uñas en su piel, y lo empujamos contra nuestras lenguas, lo enclaustramos entre nuestros dientes, lo devoramos sin compasión, sin arrepentimientos..

Lo único que quedaba como huella de su existencia eran tres gotas de sangre en la bandeja de plata, que no dudamos en lamer. Cuando el bocado se había perdido dentro de nuestros cuerpos, buscamos los últimos rastros de su sabor en los cuchillos, en nuestros dedos, entre nuestras uñas y, cuando su ausencia fue más densa que el aire, bajamos las miradas y nos recostamos en la mesa..

Apoyé la frente en mi antebrazo, estaba congelándome. Sin poder evitarlo un par de lágrimas cayeron en mi mano, las vi evaporarse, y el vaho, junto con mi vergüenza, se perdió en la oscuridad de la pieza. Mi último suspiro, el último aliento, lo guardé dentro de mi pecho, deshaciendo mis entrañas para evitar ser devorada..

Finalmente, el terror me abandonó.

sábado 26 de febrero de 2011

the meat, the flesh and the friends.

Es gracioso cómo cada uno encuentra la manera de diferenciar entre los amigos y los "mejores amigos" (y va entre comillas porque a veces no son exactamente los mejores, pero sí los que más queremos), o al menos los más especiales. La lógica más lógica dice que tus mejores amigos son con los que mejor te llevas, con quienes compartes gustos y valores, y con los que has vivido eventos que han marcado tu vida.

Sin embargo, hoy me di cuenta que tengo una nueva manera de separar mis amigos: qué es lo que me dicen del tema de la carne (jajaja). Resulta que, no sé si por coincidencia o por arte de magia, mis amigos/amigos nunca me ha cuestionado por qué cresta no como carne. Es gracioso, y recién ahora me vengo a dar cuenta, que ni uno de ellos me ha preguntado por qué lo hago, o en realidad por qué no lo hago. Ni una pregunta incómoda, ni una mirada extraña, para qué hablar de ofender o menospreciar mi elección.. Lo que es un gran alivio.

Nunca me ha incomodado hablar del tema, por el contrario, me apasiona, y también agradezco a quien me ha preguntado y se ha dedicado a escucharme hablar del tema. Nunca ha sido mi intención convencer a alguien, aunque me encantaría poder compartir y vivir esto con quienes son importantes para mi.. Y al final, sumando y restando, todo se reduce a respeto. Porque nos aceptamos tal cual somos, con un montón de pifias y la carencia de bondad que nos une y nos hace mas fuertes (jajaja otra vez).

Y mi mamá, probablemente una de las personas que más me ha criticado por esto, es seguramente la persona que me llevó a tomar esta decisión, porque me acuerdo bien cuando me paró frente a un trozo de carne y me pidió que la ayudara a cocinar.. Y mientras hurgaba con mis deditos de niña buena -en ese tiempo, hartos años atrás-, mientras recorría los nervios y sentía la sangre en mi piel fue que se me ocurrió pensar que ese animal sufrió al ser asesinado "por nuestro bien" y seguía sufriendo mientras yo desgarraba lo último de él o ella con un cuchillo de cocina. Fue peor aún cuando se me pasó por la mente que esa carne bien podía ser de una persona -y pido perdón por el pensamiento retorcido que voy a compartir- pero al pensar que era de una persona algo me tranquilizó un poco, no es que apoye el canibalismo, pero de una manera fue en ese momento que descubrí que la diferencia entre animal y humano es mínima si lo reducimos a un pedazo de carne, porque no es sólo eso, un pedazo de carne, es parte de un ser vivo que no tuvo elección de morir naturalmente.

Mis ideas se hicieron más fuertes al pensar que, al menos en nuestra cultura, comerse un perro o un gato es aberrante, porque son seres que conviven a diario con nosotros, porque somos capaces de sentir amor por ellos y de hacer sacrificios para entregarles una vida digna y sana. Y entonces, alguien me puede explicar cuál es la gran diferencia entre un perro, un gato, una vaca, un pez o una gallina? Porque al menos yo, hasta el momento, no la encuentro.

No critico para nada a quienes sí comen carne, tampoco es mi intención hacerlos sentir culpables (y sobretodo porque aunque lean esto no van a sentir culpa); simplemente quería hablar de la amistad y los gustos, la tolerancia y el respeto por nuestras diferencias y también agradecerle a mis amigos que aguanten mis mañas, que sé que son infinitas, que nunca me han pedido que coma un pedazo de carne cuando estamos en un asado y que, en cambio, siempre hay un completo sin vienesa, un burrito o una hamburguesa vegetariana, una pizza especial o una ensalada y mil cervezas para mi, jajaja.. Gracias por dejarme ser.

miércoles 9 de febrero de 2011

caza

Gacela de líneas doradas, te veo pastando bajo el sol, cual estatua divina bañada en amor. Con la mirada absorta y el vientre descubierto, frágil, inocente, desolada, perdida..

Te deseo porque sé que alcanzarte es una misión monumental, reservada sólo para los fuertes de corazón, balanceándose en la razón, porque el camino es largo, porque el trote es arduo y tortuoso con este calor.

La única recompensa de este sacrificio es tener tu sangre deslizándose por mis fauces, tibia y espesa pero refrescante, sabor perfecto para saciar esta sed.

Y corro, corro para alcanzarte y a cada paso mis piernas se fortalecen, mi corazón se exalta y mis pupilas se dilatan de tanto placer.

Ya en mis brazos, tu cuello atrapado entre mis dientes se deshace, y tu esencia se desvanece bajo mi piel. Perseguirte y tenerte fue tan reconfortante como acecharte mientras dormías.

Te perdí desde el momento en que comencé a desearte, porque tenerte era alejarte, porque te obligué a huir cuando me atreví a sentir amor por tu sonrisa esquiva, tu palpitar desesperado..

Nunca me perdonaré haberte cazado.

martes 25 de enero de 2011

ella

Y la vi, frente a mi, con sus ojos lánguidos, su pelo liso amarrado, la nariz fina reflejando la luz del mediodía parecía estirarle la mirada hasta el infinito; su boca cerrada en un beso, con los labios medio fruncidos por el cansancio de llevar cadenas tan pesadas en sus tobillos.

Y podría decir que me enamoré, me enamoré como siempre y como nunca. Me enamoré como siempre, porque en el amor caigo fácil, me tropiezo constantemente en el sabor dulce de una mirada, de una sonrisa. Y me enamoré como nunca, porque sabía que ella era única dentro de esa multitud, porque sabía que un amor como ese no volvería a sentir.

Y cuando vi que la perdía, cuando la distancia entre su pecho y mi cuello se hacía cada vez más grande, decidí seguirla, aunque tuviese que arrastrarme, aunque en el viaje perdiese mis manos, aunque el viento fuese tan desgarrador como sus lamentos.

Y decidí seguirla, perseguirla, sin querer realmente encontrarla. Su mirada, sus pestañas me hacían dudar.. Porque tomarla del brazo y pedirle que se detuviera significaba entregarle mi corazón para que se quedara; o sino, ella simplemente se detendría por un minuto y, al ver que nada le ofrecía, ella hubiese continuado en su huida. Porque claro, ambas escapábamos, la diferencia es que ella corría mientras yo permanecía siempre en el mismo lugar.. Nunca he sabido de qué manera avanzar.

Estuve a sólo un segundo de distancia, pude haber estirado mi mano para alcanzarla. Y no fue mi miedo a entregarme lo que hizo que me detuviera; fue mi miedo a arruinar una vida inocente lo que mantuvo la distancia entre yo y ella.

Y así la dejé ir, con su andar desesperado, con sus labios fruncidos y sus ojos lánguidos, con sus pestañas eternas que nunca más me han dejado dormir tranquila, con sus manos etéreas, con su piel translúcida.. La dejé avanzar, le permití caminar sin obligarla a dar un paso atrás, sin pedirle que atara sus raíces a un desierto que jamas podría florecer.