Vamos caminando, mano a mano, el tiempo no nos espera, los segundos avanzan sin misericordia, y se llevan nuestras vidas. Me desespero, mirando hacia atrás todo lo que hemos perdido, sin solución siempre vamos más allá, dejando personas y momentos que se apilan infinitamente en un montón de recuerdos, quizá para ser olvidados, después de vividos jamás recordados, las huellas en el camino se borran con el tiempo, se desvanecen mientras las arrugas van surcando nuestra piel, vamos amasando nuestros rostros, deformados por el vendaval, apenas aferrándonos al suelo con nuestros pies descalzos.
Vamos de la mano, cambiando palabras escritas por conversaciones, palabras estiradas tras un vaso de cerveza, carcajadas estruendosas que ocultan los pesares de un corazón amargado, oscurecido, tatuado por signos, señales en el camino, situaciones que no hemos elegido vivir, que son simplemente parte de lo que nos corresponde asumir. Las heridas van sanando, con el tiempo pasando, pero las cicatrices quedan en forma de cadena o espiral, nos marcan la piel sin poder elegir el lugar donde van a quedar, a vista y paciencia de muchos o quizá ocultas bajo la capa de ropa que el invierno nos obliga a ocupar.
La vida, esta vida, se detiene frente a nosotros, y se burla frente a nuestros ojos, diciéndonos que aquí sólo estamos para acatar, somos un par de tristes soldados, defendiendo nuestros cuerpos y obedeciendo, sobrellevando la carga de todos los obstáculos que hay que pasar, arrastrándonos en el barro, semi camuflados para ver si es que es algún mal momento podemos esquivar.
No podemos elegir nuestro destino, porque el destino no existe; no podremos cosechar nada, porque nada hemos podido sembrar, es mejor sentarse y esperar a que llegue la muerte, sin hacer nada más. Las opciones que tomamos o dejamos no son nada, no sirven de nada cuando sabes que la muerte te está esperando al final del camino, cuando sabes que el tiempo borrará todos tus recuerdos, todo lo que has hecho. Basta de sentimentalismos, no seremos recordados, nuestros actos serán olvidados durante el más mínimo de nuestros descuidos, es suficiente un segundo para apretar el gatillo y ver tus sesos volar.