miércoles, 20 de julio de 2011

amores, vicios y obsesiones

Mis manos, iluminadas débilmente, se ven masculinas, corté mis uñas porque me molestaban para escribir, porque estoy durmiendo mal -peor que nunca- y me aburrí de amanecer todos los días con un rasguño nuevo.. Así hacemos sacrificios, elegimos la opción "menos mala", desechamos lo que nos incomoda o hace mal. Por este motivo cortamos las ramas de los árboles cuando comienza a llover en invierno y los dejamos crecer frondosos para que nos provean de sombra en verano. Por eso comemos cuando nos da hambre y cuando nos sentimos mal, vomitamos.

Sin embargo, cuán fácil es deshacerse de una persona que te estanca? Cuán fácil es detener un vicio que te está matando? Cuán fácil es terminar con una obsesión cuando te ha consumido por completo? Los amores -o amoríos-, los vicios y las obsesiones suelen no ser tan frágiles como el follaje de un cerezo, no son tan fáciles de cortar o de hacer florecer, porque son procesos, compases que se enraízan en tu vida, se transforman en hábitos -ya sean buenos o malos- se confunden contigo y se hacen parte de ti.

Decir, asumir y reconocer que el cigarro me está matando es simple. Llevar 12 días sin fumar, no lo es tanto.
lado racional escribiendo:
Pero (pero número 1) qué pasa cuando cambiamos la variable "el cigarro" por "el-nombre-equis-de-una-persona"? Qué pasa cuando debes decir, asumir y reconocer que es una persona la que te está consumiendo, la que te está matando?
Primero reconocemos si el "consumo" es más bien positivo o más bien negativo.
Más bien positivo sería la fase de ahueonamiento en la que no puedes hacer otra cosa más que pensar en ella/él. Y que, de cualquier manera, termina siendo negativo porque dejas de ser tu mismo, pierdes tu esencia, por culpa del ahueonamiento, porque no te deja avanzar, porque te hace débil.
Más bien negativo sería cuando él o ella es cuático -así de simple- y, por ejemplo, es medio/a violento/a y temes que su relación termine en homicidio.

Pero (pero número 2) qué pasa cuando tu no eres el afectado, sino quien está afectando? Y te das cuenta que estabas estancando a esa persona equis, y tanto mal le hacías que persona equis decidió deshacerte de ti por su bien? Es posible que, a pesar del amor, admiración que siente por ti, alguien decida eliminarte de su vida? Existe de verdad esa visión trágica de decir "te necesito tanto que prefiero perderte ahora, porque después no seré capaz de dejarte"? O es simple cobardía?

Podría jurar que a veces amo tanto a mis vicios como a mis amores, y dejarlos no forma parte de ni unos de mis planes a futuro. Quizá nadie decida dejar a alguien, simplemente pasa, sin que te des cuenta, porque todo, todo, tiene fecha de vencimiento.. Y cuando no encuentras respuestas -y ahora entiendo lo difícil que es vivir sin una respuesta- ese deseo de saber qué pasa, ese acercamiento te embriaga, te obsesiona.. y las palabras en mi mente suenan dulces y un leve temblor me agarra de las sienes, distorsionándome la vista de puro placer.. El humo del cigarro inundando tus pulmones, el sabor de alcohol saturando tus sentidos, el viento de otoño, el pálido sol de primavera..

Mis manos se ven masculinas frente a la luz pálida, decidí arreglarlas para poder escribir.. Porque sí, en tu ausencia, en esta pausa, este silencio eterno, soy mejor sin ti.

viernes, 15 de julio de 2011

muerte

Recuerdo bien la última vez que te vi en el cementerio.. Fue hace más de un año.. Sin embargo, puedo asegurar que te he visto un millón de veces o, mejor dicho, a tu fantasma, la esencia de tu recuerdo inmortalizada frente a mis ojos.
Tengo un millón de imágenes, desordenadas, tiradas al azar dentro de mi retina. A veces encuentro tu sonrisa, tus palabras, tu mirada en otras personas; y otras tantas veces puedo sentir tu piel, las yemas de tus dedos en cada gota de lluvia, apenas rozándome, resbalando, y yo sin poder retenerte.
Aunque, por más que lo intento, no recuerdo cómo llegar a tu tumba. Al parecer, el camino más directo que me lleva hacia a ti es el más lejano, el más imposible.. Sé que tenía que caminar, caminar derecho, pero no sé cuánto tiempo.. Cuando hice el camino contigo, siempre que estuve contigo perdía la noción del tiempo.
Ha sido más de un año.. Quizá la mayor cantidad de tiempo que hemos estado separados, la única, sé que esta es la primera y la última, la definitiva.. Aun así, no temo recordarte a cada instante que me es posible. Ordenar las frases, jugar con los ritmos, como tu lo hacías.
Asumo que, después de perderte, no he dejado de imaginarte. Para mi estás, pero no estás muerto. Acepté tu partida -sin ni un adiós de por medio-, pero sigues viviendo.. Y cada vez que me encuentro contigo, con tu fantasma, o en sueños, todos los minutos que estuve junto a ti vuelven a cobrar vida, recuperan el color, los sonidos, los olores..
No te puedo dejar ir, no te puedo olvidar. Probablemente, no volveré a visitarte, sólo porque no sé cómo llegar. Quizá algún día me devuelvas todo lo que me quitaste, quizá algún día volvamos a compartir un cigarro, un café.. Y no puedo negar que aún te extraño.. Y, en el aire, haces falta.

sábado, 2 de julio de 2011

sangre

Cuando lo encontramos, no supimos que hacer con él.. Era un fruto exótico, sangrante, vivo.. Lo tomamos, lo abrigamos en nuestras manos y pensamos en comerlo..

La simple idea de su sabor en nuestra boca, desgarrando su carne fresca con nuestros colmillos, nos extasiaba; pero antes decidimos examinarlo.. Lo servimos en bandeja de plata y, con nuestros cuchillos más finos, lo abrimos.

Lo diseccionamos con placer, descubriendo cada vaso sanguíneo que recorría su piel.. Cada deslizar de nuestros cuchillos, ejerciendo nuestra fuerza inhumana en contra de su delgada piel, era desatar un río furioso, un abundante caudal del color de la sangría, con aromas volátiles, adictivos.

Su esencia colapsó nuestros sentidos y arrasó con nuestra conciencia..

Nuestro instinto se volvió incontrolable. Abrimos nuestras bocas y con ansías lo agarramos con nuestras manos, enterramos nuestras uñas en su piel, y lo empujamos contra nuestras lenguas, lo enclaustramos entre nuestros dientes, lo devoramos sin compasión, sin arrepentimientos..

Lo único que quedaba como huella de su existencia eran tres gotas de sangre en la bandeja de plata, que no dudamos en lamer. Cuando el bocado se había perdido dentro de nuestros cuerpos, buscamos los últimos rastros de su sabor en los cuchillos, en nuestros dedos, entre nuestras uñas y, cuando su ausencia fue más densa que el aire, bajamos las miradas y nos recostamos en la mesa..

Apoyé la frente en mi antebrazo, estaba congelándome. Sin poder evitarlo un par de lágrimas cayeron en mi mano, las vi evaporarse, y el vaho, junto con mi vergüenza, se perdió en la oscuridad de la pieza. Mi último suspiro, el último aliento, lo guardé dentro de mi pecho, deshaciendo mis entrañas para evitar ser devorada..

Finalmente, el terror me abandonó.