martes, 29 de diciembre de 2009

zig zag /2007/

Bravo, bravito compró un perrito. A Bravo, bravito le gustaban los perritos. Bravo, bravito era un niño de ocho años y a Bravo, bravito le gustaban mucho los perritos.

Un día Bravo, bravito había sacado a pasear al perrito y cuando volivó a casa encontró a su padre teniendo sexo con la vecina. Bravo, bravito ya sabía lo que era el sexo, pero él pensaba que sólo se podía tener entre "papás". Bravo, bravito vio a su padre varias veces haciendo lo mismo, con su mamita, con su vecina y hasta con una tía. Entonces se le ocurrió preguntarle a su papá porque él hacía algo que no era normal.

Su padre le respondió que a veces hay cosas que no son buenas, pero tampoco son del todo malas. Le explicó que a veces hay un camino recto para llegar a la cima de la montaña, pero que también podía encontrarse con un camino en zig zag, y que este podía ser mucho más entretenido, a pesar de que era más difícil ir por él.

Bravo, bravito creció y siempre creyó con todo el corazón la enseñanza que le dio su padre. Siempre pensó que su padre era muy sabio y lo confirmó cuando encontró a su madre besando a unos de los amigos de Bravo, bravito; también cuando encotró a su hermano azotando a su novia e incluso cuando siguió encontrando su mismo padre con tres mujeres en la misma pieza, y eso si que se veía difícil!

En fin, Bravo, bravito creció y siempre se preocupó de verse lindo, de verse bien. Bravo, bravito comenzó a pololear con una niña y luego de 5 meses se dio cuenta que le gustaba su mejor amigo. Entonces Bravo, bravito decidió besar a su amigo y en ese momento se dio cuenta que el camino en zig zag era de verdad entretenido. Terminó con su polola, diciéndole la verdad; la polola lloró pero con el tiempo lo entendió.

Bravo, bravito seguía pensando que su padre era un hombre muy inteligente y que mucho le había ayudado cuando le hizo comprender lo del camino recto y lo del camino zig zag. Por eso mismo, Bravo, bravito no entendió cuando le contó a su padre que a él no le gustaban los niñas y que prefería a los niños porque era más divertido, al igual que el camino zig zag; y su padre se enojó tanto tanto que le prohibió la entrada a su casa.

Bravo, bravito lloró mucho. Bravo, bravito ya no tenía hogar. Y fue entonces cuando su pololo le dijo que se fueran a vivir juntos y Bravo, bravito fue más feliz que nunca, hasta que murió. Entonces Bravo, bravito se dio cuenta que su padre no había sido malo, sólo lo puso en otro camino ziga zag, que era más difícil de verdad, pero finalmente era el camino que lo logró hacer feliz.

y /2007/

Y trato de sacar una mano a la superficie, trato de gritar, pero es imposible gritar bajo el agua si estás ahogada.

Ya ni siquiera pido su compañía, creo que queda más que claro que debo aprender a vivir sin ella, pero es difícil aceptar la pérdida de un ser que amabas. Es difícil, me dijo esa estrella.

Y esto es como que hubieses muerto, y yo, frente a tu tumba, me quedé con el ramo de rosas blancas y un montón de sueños en mi cabeza, y te digo que ahora el doble de los problemas es lo que pesa.

Yo, personalmente, te quiero de vuelta, pero cómo hacerlo si yo misma te maté, entre crueldad y frivolidad, también un poco de inmadurez. Quisiera dejarte atrás, quisiera por fin enterrarte y poder olvidarte como se olvidan del cementerio todos los muertos.

Y no te das cuenta que si no te olvido yo soy la que me transformo en fantasma, es mi alma vana la que divaga con horizonte perdido y el corazón partido.

Ya a esta hora se acercan las arañas y con los cuatro pares de patas comienzan a hacer ruido. Ella susurran que el mejor remedio es el olvido de este puto y mal amor. Qué más quisiera yo, que dejarte en una telaraña, que ahogarte con mis propias marañas, esas que un día inventé.

Y me gustaría decirte de corazón que lo que te estás haciendo no es bueno, que lo que respiras es veneno, ese que te amarga la razón. Déjame a mí con esta desazón que es lo que generas tu, mi amor perdido, y te apuesto que es más sano esto, que taparte los ojos y el corazón.

Ya amor, puedo decirte así, que no me confunde más de lo que me duele; que no quieres que te lo diga porque tengo claro que no es así; sí, sé que no eres mi amor, sí, ya sé que no eres mía.. Pero en qué cresta te daña esta fantasía, más de lo que a mi me daña tu verdad!?

Yo podría prometer, yo podría jurar, yo podría decirte que te amaría hasta el final. Vida de mi vida, el sabor del alma mía, déjame decirte esta vez que te calles, guarda silencio tras la sonrisa irónica, guardate la carta lacónica que te proteje el corazón.. Qué más da perder otra vez la razón, si podés creer en mí, corazón?!

xxx

Fue como una estrella fugaz desapercibida en el cielo, sin función… sin principio ni fin.

Fue como llanto derramado en el mar, que ya no sabía si se ahogaba con el agua, o sus propias lágrimas. Fue música para un sordo y la luz para un ciego.

 

Todos los esfuerzos eran inútiles. Mientras ella leía con calma un libro y sus ojos se deslizaban entre las palabras, él la contemplaba desde lejos como en un sueño. Y para él, ella era una alucinación, un astro luminoso caído desde el cielo. Un ángel sin alas, con el pecado del deseo concebido en la flor de sus labios, en sus manos, en su piel. Cada vez que sus dedos se resbalaban por las hojas del libro para voltearlas, era un espasmo, una explosión de sentimientos, anhelando ser papel de una vez por todas y para siempre.

 

No podía dejar de observarla. Los ojos humedecidos por la sensibilidad de las palabras, su sonrisa fresca reflejando el buen humor, el pecho agitado por las ansias de leer más, de devorarse el libro, así como él la abrazaría a ella hasta el momento culmine en el que dos cuerpos se convierten en uno. Aún a varios metros de distancia podía percibir su olor a primavera, despertando a la vida con el sol reflejándose en su cara parece que lo enceguecía.

 

En un rápido ademán -que él casi no distinguió- ella se levantó del suelo sin hacer mayor fuerza. Ascendencia celestial, estaba completamente seguro. Sin embargo, ella, todo su cuerpo, toda su esencia estaba envuelta por un hálito terrenal, que no terminaba de ser una mezcla perfecta entre lo sublime y lo indecoroso. La combinación justa para obligarlo a desearla y venerarla a la vez. Toda su vida se redujo al instante en que la vio.

 

Ella caminaba rápido, flotando en el espacio, sin tropezar con la gente que le trataba de cerrar el paso. Él, en cambio, parecía maldito por la gravedad, los pies le pesaban, tiraba todo su cuerpo, casi arrastrándose para intentar alcanzarla, aunque fuese un segundo… poder rozar su piel, absorber su aroma evitando perder la cordura luego de tanto placer.

 

Le fue imposible, fueron demasiado fuertes sus anhelos para darse cuenta de que en realidad ella ya estaba subiendo al cielo cuando él comenzaba a levantar un pie para apoyarse en el otro. La vio desde lejos, la observó sin temor de morir ahí mismo por la desolación y la miseria de la soledad. La vio desde lejos partir, sola, sonriéndole al aire, sin pensar que él la miraba desde lejos, entendiendo por fin que jamás podría caminar a su lado, que jamás la podría venerar, que jamás tendría entre sus manos ese olor a primavera que despertaba con el sol.

x_x /2007/

La mamá le estaba gritando desde hace media hora que se levantara, pero él seguía ahí, acostado en su cama y con la puerta de su pieza cerrada con llave.

La cama estaba pegada a la pared de la ventana y si él se quedaba acostado, como a las 11 de la mañana podía ver el sol cuando le iluminaba el rostro. Los días de semana lamentaba no estar en su casa a esa hora, porque tenía clases. Hoy tampoco podría ver el sol, porque el invierno comenzaba y todo cambiaba de lugar.

Se levantó pasadas las 12, con pocas ganas. Cuando fue buscar la polera amarilla no la encontró en su lugar. Recorrió extrañado la pieza, abajo de la cama, detrás de un mueble, nada. La polera no la encontró, se puso otra.

Bajó las escaleras y el desayuno tampoco estaba. Decidió esperar hasta el almuerzo entonces. Fue a ver que encontraba en la televisión y no encontró nada. Llamó a un par de amigos, pero andaban visitando a alguien en el cementerio. También le extrañó porque, que él supiera, nadie había muerto.

Subió a su pieza. La cama estaba hecha. Se acostó en ella pensando que la mamá había subido mientras él llamaba a los amigos. Quería un poco de paz, pero no la encontraba. Se dio vuelta una dos y tres veces. Nada. La paz no estaba. Miró al cielo y el sol le alumbraba. Se despejó de un minuto a otro. Suele pasar en invierno.. ??

Buscó el celular, no estaba. Buscó las zapatillas negras, no estaban. Buscó el libro de filosofía, la mochila no estaba. Llamó al perro, el perro no llegó; no lo escuchó porque aullaba. Estará triste, tendrá pulgas, lo atropellaron.. Lo atropellaron!!

Corrió al patio. El perro lloraba. Lloraba sobre la mochila que él anduvo buscando con el libro de filosofía. Se acercó pero el perro no reaccionó. De pronto salió la mamá y el perro se calló. A la madre le corrieron un par de lágrimas por las mejillas y luego se entró.

Él quedó atónito pero nada preguntó. Salió de la casa. Caminó unas cuadras. Alguien iba con flores hacia su casa. Se devolvió. Era una tía. Entró detrás de ella cuando la mamá abrió la puerta.

-Ayudándola a sentir, cuñada mía- dijo la tía y él se extraño. -Aquí dicen que van a descubrir cómo murió realmente Ricardito- dijo ella, abrazó a la cuñada y el se horrorizó cuando vio en la portada del diario a un joven con polera amarilla y zapatillas negras que era idéntico a él.

www.crucifyme.co.uk /2007/

Le quitaron la chaqueta de cuero y las zapatillas que había comprado con su último sueldo. Eso lo guardaron para después venderlo. El resto de la ropa se la sacaron a tirones y todo se volvió jirones de género.

Desnudo lo hicieron caminar por un callejón oscuro, lleno de gente que lo escupía, lo meaba o le tiraba mierda. La idea era que lo torturaran. Lo golpearon, le tiraron piedras y lo primero que llegara a las manos de la gente que ahí estaba.

Los celulares sonaban, todos llamaban para que los demás llegaran a ver el espectáculo de medianoche.

Lo hicieron caminar más de cinco horas, entre escupos, vómitos e insultos. Todos reían a carcajadas, frenéticos, disfrutando poseídos por el circo de sangre y maldiciones.

Dos hombres lo tomaron, uno de cada brazo, y lo arrastraron hasta el terreno de una casa en ruinas, la más grande de la ciudad hasta que un incendio la disolvió en cenizas junto con todos sus recuerdos.

Ahí lo dejaron un rato, tirado en la tierra negra. Le dieron un vaso de agua y un pedazo de pan duro. Mujer se acercó a limpiarlo, sabiendo que no serviría de mucho su ayuda. Que no se detendrían hasta matarlo.

Ella le limpió el rostro con un poco de agua, los labios rotos y secos, la boca sangrando por la pérdida de unos dientes; los brazos, la espalda. Los mismos dos hombres se acercaron a ella y uno la tiró del pelo. Ella alcanzó a besarlo a él y luego se la llevaron.

Él se desmayó del dolor, del asco, de la pena. Cuando despertó, se enderezó y logró mirar hacia atrás. A la mujer que lo había limpiado la estaban violando. Él lloró de dolor, de asco, de pena.

Y el llanto no le duró mucho. Cuando la gente se percató que aún vivía lo comenzaron a insultar nuevamente. Esta vez fueron las mujeres quienes se acercaron y lo obligaron a levantarse. Lo azotaron hasta el cansancio y con un fierro le quebraron una pierna. Las risas aumentaron, el júbilo, el entusiasmo. Cada vez se volvía más interesante. Cada vez se volvía más grotesco.

El animo de ellos no descendía y alguien por ahí gritó “Que coma mierda!”. Y mierda lo hicieron comer. Vomitó tres veces y las tres veces lo hicieron comer mierda y su vómito también.

Al amanecer alguien llegó con un palo. Otra persona consiguió una cuerda. Dejaron el madero en el suelo, a él lo pusieron encima y lo ataron de las muñecas con una cuerda. Tomaron unas hojas de diario y las doblaron hasta crearle una corona. La adornaron con ramas y sobre ellas unos cuantos gusanos.

Se subieron y lo lograron colgar a un poste de luz. Ahí quedó y la gente comenzó a aburrirse. Algunos se fueron a sus casas y unos pocos esperaron hasta poco antes del mediodía.

Él murió solo, colgando del poste. Sin una palabra de consuelo o alguna lágrima de tristeza. Murió ahí, desnudo, bajo el sol de verano y una corona de gusanos.

viento /2007/

  • A veces me desvanecía en el viento, buscando ayuda, buscando aliento. Puedo jurar que más de alguna vez quise morir, pero no fui capaz de hacerlo. Entre el viento desaparecía, en el viento quizá moría.. Y ha pasado el tiempo, siento que crezco, en las ramas de un cerezo, entre árboles y el cemento; me aparezco, vuelvo sin retroceso. Camino desentrañado de lágrimas agrias, que me costó tanto dejar atrás, tortuoso, infinito.
  •  
  • Siento que vuelvo, sin vaivén, en una ola de recuerdos pútridos y esperanzas malditas, y vuelvo luego de buscarme tantas veces, sin encontrarme, perdida, rendida, podrida. Nazco sin florecer, me levanto sin amanecer, que simplemente estaba escondida entre el miedo y la poca fe.
  •  
  • Adormecida talvez, dispuesta a volver a ser, a estar, a ver y pensar. A mirar más allá de lo que mis ojos pueden ver, a ser más de lo que creo poder. El temor está, ese de volver a caer, sin duda está, escondido dentro del más allá. Y quisiera poder ser, libre de temores, libre de recuerdos, angustias, estertores, el último suspiro a través de mi corazón.
  •  
  • Quiero creer que vuelvo, que amanezco, que despierto tras la luz.. En movimiento sereno, sin oscilación; puede llamarse paz, seguridad, amor, soledad. Quiero encontrar, sin buscar ni esperar. Quiero caminar a tientas, a ojos cerrados, a ciegas. Quiero avanzar sin tratar de correr, de apurar. Quiero lentamente crecer y dejar que sólo el viento me impulse a ser.

viaje de vuelta /2007/

Yo iba sentado atrás cuando la vi. Era una señora que venía, seguramente, del trabajo. La micro sólo tenía un asiento libre para ofrecerle. La señora avanzó hasta que vio que en el asiento de al lado iba un hombre con retraso mental. Ella se quedó de pie. El hombre le habló, le dijo que se sentara a su lado, pero ella siguió de pie porque se "bajaba luego".

-

La micro continuó su camino y otro asiento se desocupó. Adelante mío iba una escolar. La señora se sentó a su lado. -Peculiar el comportamiento de la vieja-. La niña iba escuchando música, mirando por la ventana los semáforos veloces de la calle.

-

De pronto la señora miró hacia el lado, abrió los ojos, puso cara de asco y se volvió a parar.

Caminó hacia adelante y después hacia atrás. Yo le ofrecí mi asiento -más que ser gentil fue por curiosidad- y ella se sentó ahí.

-

Cuando iba camino a sentarme junto a la escolar, pensé que la niña podía haber vomitado o llevar fotos de escolares sólo usando una corbata y calcetas de colegio como las que llevaba yo dentro de mis cuadernos de la universidad. Miré hacia abajo y en realidad grande no fue mi impresión. Me imagino que a la señora simplemente no le caía bien la autoflagelación.

-

Me puse a contar los cortes que la niña tenía en las manos. Cuando iba en el quinto corte ella me miró y me sonrió. Le pregunté si le dolían las manos, con qué, cómo y por qué lo hacía. Ella me contó todo, sin problemas. En cierta forma la entendí.

-

Hoy sólo llevo en mis cuadernos fotos de una escolar en particular. Sale desnuda, con una corbata negra y calcetas blancas. Y también quedamos de acuerdo en que como accesorio las heridas y las cicatrices no quedaban mal.

uvas para maria /2007/

Cabeza rapada. Bototos a media canilla, cordones blancos. Una casaca negra. Pantalones apretados. Ceño fruncido y una mueca en los labios. Caminaba rápido. Venía con una bolsa negra en la mano. En la oreja izquierda tenía una expansión de 8mm. Dentro de la cabeza albergaba ideologías que lo volvían cada día más homofóbico, xenofóbico y menos tolerante.

En la cuadra siguiente estaba parada, con las patas abiertas, María. El pelo y los labios rojos, los ojos viejos pintados con delineador verde, en exceso. El vestidito que llevaba dejaba poco a la imaginación de los otros y dentro de su imaginación ni se le habría ocurrido lo que le esperaba.

Él, por su parte, seguía caminando rápido, hasta que vio al maricón gritando como loca en la esquina, afuera del motel. No lo pensó ni un segundo. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, lo pateó hasta que se cansó.

A María no le quedó tiempo ni para gritar. De un golpe con la mano abierta le corrió todo su ceremonioso maquillaje. Le arrancó los aritos bañados en oro, el vestidito de princesa barata, la cartera preferida –porque tenía el tamaño preciso para lo necesario: condones, maquillaje, lubricantes y la llave de la pieza que arrendaba-.

Él la pateó tanto que hizo que corriera el doble de sangre que María tenía en las venas, nadie sabe cómo. La dejó sin aliento en el piso, temblando y apenas llorando, porque hasta eso le dolía. Cuando María terminó de morir, él le tiró unas uvas podridas sobre el cuerpo. -Que este es el banquete del reino de dios- dijo para sí y siguió caminando con la bolsa vacía.

Días después, en el diario aparecieron las fotos de María con el alcalde. Al alcalde se le acabó la carrera política, pero a María no le valió ni un peso su sacrificio. Otro hombre tomó el lugar de alcalde y durante mucho tiempo los hombres de la ciudad anduvieron buscando a una puta que follara y gritara sólo como María lo hacía.

un paso atrás A /2007/

Entrelaza en tus dedos mi sonrisa
vuelve a sentir la brisa
de un amor que nunca murió.
Daría mi vida entera
por verte feliz
y dejar en cicatriz
todo lo que un día te dolió.
Dejame curar tus heridas
que yo soy el único remedio
a tu profunda porfía.
Quiero tomarte entre mis brazos,
regalarte un beso
y seguir junto a tí.
Vuelve a mí,
me ves aquí y aquí estoy.
Soy más translúcida que el agua,
frente a tus ojos soy mortal.
Déjame morir en tus brazos,
al fin déjame respirar.
Soy pálida, soy frágil,
y no sabes cuánta dicha
es lo que te puedo regalar.
Entre mis labios la flor
de este bendito dolor
que sólo lo provoca tu ausencia,
falta de amor.
Soy indefensa entre tus brazos,
quiéreme así
tal cual lo hice yo.
Vuelve a mí,
devuelveme el aire
y un suspiro sin fin.
Quiereme asi, como soy yo,
vuelve a mí
y verás que no existe
en esta tierra
un paso atrás
para arrepentirte de este amor

un paso atrás B /2007/

Crucifícame
violame en el suelo
otra vez, otra vez.
Desata de tus manos las clavijas,
forja una sonrisa
de la mentiras que te repites,
ciego inútil, bastardo de humanidad
Te odio y no sabes cómo.
Quisiera algún día verte
ahogado en las lágrimas
que yo te obligué a botar
y no sabes cómo reconforta hoy
el ver tus piernas flaquear
la razón temblar,
ajado recuerdo de hermosura..
Ajado ídolo
más falso que los cuentos
más falso que yo,
hoy me puedo reír en tu rostro
cuando tus penas te ahogan
cuando las mentiras te presionan.
Qué no daría yo
por verte ahogado en las tinieblas
otra vez, sí, otra vez..
Vuelve a mí
que haré tu vida oscurecer.
Sí, yo soy morena,
soy pérfida y maquiavélica.
Soy malditamente eterna
en tu inundado corazón,
inundado de lágrimas y dolor.
Sí, ese dolor que algún día sentiste
no se te olvidará
y verás, con los ojos sangrados
que nunca terminará.
Sí, yo soy morena
e hija de una única pasión,
haré lo que yo quiera
sin llamar tu atención.
Ni me verás,
arrástrandome en el suelo,
pensarás sí
que soy una larva indefensa,
un pedazo de piel humillado
por las penas del amor.
Y creerás mal,
nuevamente te equivocarás
y ya no existe un paso atrás
que te devuelva la razón.

son et lumiere /2007/

Sonido encuentro en los sentidos
en los cinco hijos vivos
que le quedan a la Paz.

Y la luz que prende al divo,
al que se mira el ombligo
pidiendo un pedazo de pan.

Yo quiero ser mendigo
y es verdad que lo he sido
sólo quítame las etiquetas y ya verás.

Son & lumiere es lo que quisiera encontrar.
Encontrarle ritmo y luz a la vida
dejar de vivir sorda
y en la oscuridad.

Alguien me contó que vivías a medias,
pidiendo misieras de un capricho sin fin.
Alguien me contó que a través de tus ojos
podría ver el cielo celeste, luego de una lluvia.

Me aventuré a mirarte pero caí.
Si en tus ojos no hay más que tierra,
tierra de cementerio,
putrefacto pedazo de humanidad;
aún no entiendo como sigues de pie,
cómo osas pararte entre nosotros!

Yo te tomaría de la peluca con la que cargas
y te tiraria ahora mismo a un umbral.
Umbral de dolor, umbral de pasión,
umbral de ceguera y adicción.

En mis manos te tuviera,
te arrancaría los ojos
y los labios a quien una vez me mintió.

El cielo en tus ojos no se puede ver,
maldita sea,
lo único que a tu lado puedo hacer
es convertirme en una más de tus alimañas
que se alimentarán de alguien al fallecer.

también /2007/

“Si pudiera, te mostraría mi cuerpo de lobo y tal vez los colmillos para ver si te asustas un poco.
Si quisiera, de verdad, empezaría a correr como animalito sin razón. Pero no quiero.
Si te viera, ahora, te regalaría un beso, de los que no se olvidan, pero sé que no te veré.
Si muriera, un poco antes, pediría que me trajeran un vaso con agua, para sacarme el gusto amargo de la vida en mi boca.
Si creyera, en dios, le rogaría para que me enseñara a vivir nuevamente.

Antes de morir, me dejaste muchos supuestos, muchas cosas inconclusas y también una que otra pudiste cambiar. Sé que no te vi escondido tras la puerta, sé que no vi un fantasma ni tu espíritu. Amor, sólo es mi mente que tiembla porque no te tengo junto a mí y creo que definitivamente mi vida la terminaré completamente loca.

También sé que esta carta no la leerás nunca, pero quiero pensar que sí lo harás y así sacar toda esta locura que guardo en mi cuerpo. Sólo quisiera uno de todos tus abrazos. Cuando tu cuerpo quedó reposando en la tierra, lo único que pedía era un beso tuyo, el último.

Y ahora me doy cuenta que las cosas más simples de la vida no las supe aprovechar, una canción, tu excesivo cariño, mi fe. Todo desapareció, porque vivía enojada con el mundo, porque pensaba que el mundo estaba enojado conmigo. Hoy me doy cuenta de eso, pero es muy tarde.

Te escribo esta carta, y es la última, no me permitiré más lágrimas, porque este sufrimiento sólo yo me lo busqué. Aquí botaré toda mi pena y todo mi amor. Si logré vivir llena de odio cuando vivías, tendré que hacer lo mismo ahora que no estás a mi lado.”

Dejó la carta a los pies de la tumba de su marido, se levantó temblando y caminó lento hasta que salió del cementerio. Atrás, su marido, la miraba nostálgico y terminó llorando cuando leyó la carta. En la noche, cuando ella rompió su promesa de no volver a llorar, su marido la abrazó, para que nunca más se sintiera sola

septiembre /2007/

Se sacó la chaqueta. Se sentó. Se paró. Corrió la cortina y miró hacia afuera; viento. Salió de la casa, sin la chaqueta. En el bolsillo los cigarros, en la mano el encendedor.

Caminó bajo el cielo nublado de un día sin sol. Estaba inquieto. Miró hacia arriba y bajó la vista, la luz invisible reflejaba todo su resplandor en las nubes.

El cigarro entre los labios. Aún no sabía si prenderlo o esperar un rato más. Se sentó en el suelo a decidir. Corría más viento y las hojas de un cerezo le llegaron a los pies.

Se miró las manos, estaba más viejo. Encendió el cigarro, comenzó a fumar. Se levantó del suelo, pero no sabía hacia dónde caminar. Miró a la izquierda, nada ni nadie.

Metió las manos en los bolsillos. Nada más que los cigarros. Ni una moneda ni las llaves. Se devolvió hasta la casa y abrió la puerta por la ventana.

Adentro la música sonaba despacio y en la pared una foto de un paseo al campo. La mesa del comedor redonda y encima una botella que alguna vez se ahogó en cerveza.

Salió de la casa con las llaves en la mano. Se despidió del perro. Arrastró los bototos negros hasta la esquina más cercana y pensó en dónde podía comprar marihuana.

Caminó inconcientemente y en el celular buscó mi número. Marcó, llamó y por acá mi celular sonó. Contesté, era él. Mientras tanto él apagaba la colilla del cigarro.

Vamos caminando y él me pregunta cómo estoy. Le digo que bien, al menos viva. Me dice que vayamos a tal lugar a comprar hierba. Más que acompañarlo, yo lo sigo.

Me ofrece un cigarro, con la única condición de que la primera mitad la fume yo, es mucho un cigarro completo para él. 7 minutos de felicidad compartida, sonrío yo.

Cuando está bien stoned me da un beso, yo ni siquiera le pregunto por qué. Ya me acostumbré a su incoherente espontaneidad.

sábado /207/

Iba en la micro, escuchando música, cuando sentí un olor extraño. Era olor a muerte y la música en mis oídos retumbaba fuerte. Primero pensé que eran las viejitas gordas que estaban cerca mío, que seguramente no les quedaba mucho tiempo por vivir. Y a pesar de todo lo viejas que eran, andaban cargadas como mulas. Llevaban dos bolsos -demasiado grandes para ellas- y además una mochila -bien fea por cierto-. Pero la micro paró y las viejitas se bajaron sólo con un bolso..

Y el olor a muerte permanecía ahí. Miré con curiosidad, buscando al dueño o dueña del bolso, pero nada. Nadie tenía cara de "me gusta andar con bolsos grandes". Primero pensé que podía ser una bomba -demasiada tele- y si era así, me explotaría en la cara, y lo más probable era que muriera. Y el olor a muerte seguía. Incluso estuvo presente cuando me encontré con los ojos de Felipe y no pude evitar la sonrisa.

La micro siguió, un día sábado, en la tarde, luego de trabajar, luego de rogar por un descanso. Un grito, un reclamo, una voz chillona gritándole al chofer para que abriera la puerta. Y el chofer no abría. La señora rubia a la fuerza con cara de enojada y yo no me aguantaba la risa. Felipe me miró raro y yo pensé "este weón me va a pegar". La blondie se bajó y yo paré de reír. El sol me pegaba en los ojos y me hacía ver todo rojo, pero ni así pestañeaba, continuaba con mi vista fija en el espacio infinito.

Felipe se volteó hacia mí, riéndose, y a penas se le notaban los ojos. Su risa me causó risa, sin saber hasta luego de un rato que me reía porque él se reía porque a un niño se le había quedado atrapado un brazo entre los fierros de la micro. A veces pensé que era malo, porque se reía del niño, pero yo igual me seguía riendo porque verlo reír me hacía reír.

Continuamos el recorrido, y el olor a muerte continuaba en mi nariz igual que el bolso en su lugar. El olor resultaba tan pesado que podía sentir mi cerebro procesando el olor y advirtiéndome que se venían problemas. La muerte, la muerte. Pensaba que cuando llegara a mi casa –si es que no me moría antes- hasta mi perra se iba a asustar y que iba a salir corriendo lejos de mí. Me sentía pesada, portadora de malas noticias, sucia, así como cuando mientes.

Llegamos al final camino y le pedí a Felipe que me ayudara a sacar el bolso, ni siquiera me preocupé que fuera de alguien que aún estaba en la micro. Felipe lo tomó y bajamos los dos.

Abajo él me dijo si sentía un olor a podrido en la micro. Yo le dije que sí, que era olor a muerte. Él me preguntó que cómo sabía que era olor a muerte, si la muerte no tiene olor. Así nomás, le dije yo, sé porque lo siento. Yo creo que es algo que se está pudriendo, no es la muerte, dijo él.

Abrimos el bolso, un sábado en la noche, y luego de tantos desacuerdos a lo largo de toda nuestra relación, por fin ambos tuvimos la razón, lo que estaba adentro era un muerto.. En proceso de descomposición.

rosario /2007/

Estaba sentado, con un rosario entre las manos, mirando a través de un vidrio cómo el tiempo iba cambiando todo allá afuera. Y las hojas de los álamos a veces se movían y la gente que ahí estaba al otro segundo no estaba más.

Afuera el sol bailaba, escondiéndose y reapareciendo tras los edificios, y mientras miraba hacia fuera, también veía en el vidrio lo que ocurría a sus espaldas.

El viento se detuvo y el sol dejó de brillar con fuerza. De pronto se encontró con unos ojos tristes, sin expresión, lánguidos luego de haber llorado, vio un rostro ajado por las tristezas de la vida, con surcos que le enmarcaban la boca, con arrugas encerrándole los ojos.

Dejó de mirar. Casi se le cae el rosario. Eduardo sabía que ni siquiera rezando un millón de ave marías lograría librarse de todas sus culpas. Afirmó el rosario y siguió rezando, suplicando por la salvación de su alma, rogando por un poco de paz.

Le faltaba poco para morir. Lo sabía. Y el olor a hospital sólo lo enfermaba más y más. Volvió a mirar el vidrio y se encontró nuevamente con el hombre de ojos tristes mirándolo, ahora lloraba. Eduardo le habló, le preguntó cómo estaba, y le pidió disculpas, por todo. La paz llegó a su cuerpo y en un segundo el tiempo terminó de quemar su vida.

15 minutos después pasó una enfermera y vio a Eduardo sentado frente a la ventana. Cuando se acercó ya no quedaba mucho por hacer. Recogió el rosario del suelo y lo puso entre las manos inertes. Y la mujercita no hizo nada más que cerrar los ojos de Eduardo y el reflejo de ojos tristes desapareció.

La tarde siguiente, en el funeral, nadie supo dónde había quedado el rosario. Su hija lo buscó por cielo, mar y tierra, pero nadie lo encontró. A ella no le quedó más remedio que tatuarse una cruz en la pierna izquierda, que para muchos era invertida, pero ella sabía bien que no era así, que la cruz de su padre la miraba a ella.

Pierrot & Colombina /2007/

Pierrot y Colombina siempre estuvieron juntos. Los dos vestidos de naranjo y negro. Ella tenía un vestido con rombos y botones negros. Él tenía un pantalón naranjo y una camisa con botones y rombos negros, uno a cada lado, que a la vez hacían de bolsillos. Y a los dos le colgaban hilos de pies y manos.

Llegaron a mí gracias a la señora Elisa. Ella me los regaló un día que estaba lloviendo. Yo los ví, sentados a los pies de su cama y seguramente me brillaron los ojos. Los miré mucho rato, pero no los toqué. Antes de irnos ella me los entregó y me hizo prometerle que jamás los iba a separar, no importaba si pasaban frío, si se ensuciaban, siempre y cuando estuviesen juntos.

A Pierrot lo senté en el sillón de mi casa y a Colombina la senté a su lado. Los dos se abrazaron y yo apenas los tocaba porque no quería que quedaran el uno sin el otro. A Colombina jamás se le caían las largas pestañas que tenía. Y los dos siempre tenían la cara rosadita, yo creyendo que era por la felicidad de estar juntos.

Después de un tiempo me aburrí de verlos con hilos entorpeciendo sus abrazos y caricias. Un día en el patio los corté hasta que quedaron totalmente libres. Yo quería que fueran libres, que se sintieran libres, de estar juntos y al estar conmigo.

Pierrot siempre dormía a mi lado derecho y Colombina al izquierdo. Ellos me cuidaban mientras yo me quedaba dormida. Y cuando terminaba por dormirme ellos se abrazaban en mis sueños.

Los sacaba a tomar aire fresco. Los dejaba sentados en la ventana y yo salía a hacer cualquier otra cosa. A veces Pierrot y Colombina tenía ganas de hacer bromas y, sentados en la ventana, le tiraban besos a la gente que solía pasar por ahí.

Pero el tiempo pasó. Yo los tuve que dejar. Y ahí, en esa casa, finalmente se llenaron de humedad como tantos otros de mis recuerdos. Cuando volví a verlos, Pierrot y Colombina estaban llenos de moho. Igual me dediqué a dejarlos abrazados, esperando por el camión de la basura.

Y cumplí mi promesa. Seguramente cuando murieron, murieron abrazados, porque también me di el trabajo de coserlos, para que nunca nunca nunca se separaran

pestañas verdes /2007/

Tenías las pestañas verdes y recuerdo que en ese mismo segundo me enamoré de ti. Te perseguí mientras paseabas a tus peces dorados dentro de una pecera polarizada y sonreías bajo el sol de septiembre.

Te miré de pies a cabeza por más de hora y media. Tus pantalones negros, tus zapatillas sin cordones, tu polera sin mangas y tu pelo largo. Tus brazos pálidos y la musica pegada a tu lengua.

Prendí un cigarro mientras tu dabas vueltas y vueltas alrededor de la misma calle. Seguramente pensabas que los peces se iban a tranquilizar y por fin te iban a dejar dormir esta noche. El murmuro incesante de sus burbujas oxigenadas te molestaba y te hacía tener pesadillas, lo sé.

Y fue entonces, luego de leer tus pensamientos, que se me ocurrió hacerte una propuesta poco decente. Apagué el cigarro en mi mano derecha y te comencé a perseguir mientras tu dabas vueltas y más vueltas.

Te toqué el hombro, tu estabas de espalda. Y cuando me miraste con tus pestañas verdes sentí que mi pelo se desteñía como la noche en un amancer. Te miré a los ojos, y traté de ver a través de ellos, para saber qué más escondías y fue una lástima encontrarme con tu alma vacía.

Te dije que dejaras de sufrir por los peces dorados, déjamelos a mi, yo me encargo. Me miraste con cara de espanto, me preguntaste qué les iba a hacer. Te dije que me los comería vivos un domingo de noche fría. Sonreiste con simpatía y en tu boca me perdí.

Te alejaste con los ojos cerrados, porque querías que dejara de besarte sin dejar de darte un beso y me pediste que primero me comiera los peces y luego que pensara en cómo de amor volarte los sesos.

Llegó el día domingo de noche fría y en la misma noche a primera hora me comí los peces dorados de escamas podridas. Pensé que era capaz de hacer todo por ti y todo por ti sabría que sería capaz de hacer.

Sonreí mientras me tragaba un pez tras otro, hasta que me convencí de que te amaba. Y esa misma noche llegué hasta tu cama y en tu cama de príncipe con sábanas rosadas hicimos el amor.

Te besé hasta que se me agotaron las ideas y te enamoré hasta que mi corazón se durmió. Te entregué lo mejor de mi, en tu cama de sábanas rosadas y en ellas me dormí hasta la vida siguiente.

Ahora que soy pez de escamas podridas, espero morir dentro de una boca enamorada. Me quiero confundir con la saliva ansiosa de un deseo que no muere. Y encontrarte en otra muerte con tus pestañas verdes.

partir /2007/

Nostalgia pingüina, racionalidad divina- repitió por última vez antes de caer al suelo. Se desmayó porque ya no tenía fuerzas para seguir con los ojos abiertos.

Antes de sentir deseos de desaparecer, había dejado al amor de su vida unas cuadras atrás. Luego que se rindió porque él jamás se volteó a mirar, trató de seguir adelante. Caminó unos pasos, con las piernas temblando. Miró hacia atrás, nada, él seguía caminando. Miró hacia el frente y los ojos se le llenaron de lágrimas.

Sentía nostalgia, sentía un vacío que le llenaba el espacio que ocupa el corazón. En realidad el vacío le ocupaba el cuerpo entero. Se sentía como una niña, como una pingüina, dispuesta a darle la vuelta al mundo si su amor le pedía que lo encontrara.

Siguió caminando y con las piernas temblando. Con el corazón roto y los ojos llorando. Trató de mirar hacia adelante, levantar la vista y con la frente en alto. Pero no podía, el llanto le cerraba los ojos, la rabia le nublaba el pensamiento, la pena le desvanecía el corazón, y el odio le tiraba el cuerpo hacia abajo. En esas condiciones era difícil caminar entre la gente sin saber hacia dónde ir, teniendo que pensar cuando iba a mitad de calle si se cruza cuando el semáforo está en verde o rojo; y con el deseo oscuro, camuflado en la poca conciencia que le quedaba, de que ojalá se equivocara al cruzar y que un auto blanco la arrastrara mil metros, con los huesos astillados luego de la fricción con el cemento y con los intestinos colgando, luego de que se le vomitara el cuerpo.

Ya faltaba poco para llegar a la casa. En la esquina las cuatro luces pasaron de rojo a amarillo y luego a verde, todas simultáneamente, la hicieron sonreír porque siempre le gustó cómo se veían de lejos, todos los colores bailando al mismo compás.

-Nostalgia pingüina, racionalidad divina- repitió por última vez antes del desmayo. Lo repitió por última vez antes de desmayarse del dolor que le producía verse los huesos de las piernas astillados y todos los intestinos brillando con el reflejo de la luz de los cuatro semáforos. Lo repitió por última vez, acordándose de la nostalgia que sentía porque ya no tenía a su amor. Lo repitió sabiendo que la racionalidad divina era lo que la había iluminado, haciéndola entender que su vida no servía para nada ya. Lo repitió por última vez antes de partir y muy tarde, porque su amor ya había partido, buscando una mejor compañía.

panik 6842 /2007/

Y sin querer, dejé correr mis lágrimas
en las cuerdas de una guitarra eléctrica.
Amplificaste mis sentidos
y me dejaste sentirte en mi.
Tu voz se volvió
un simple sonido
y te pegue al oído
del limón el sabor.
Tus manos se llevaron
entre ellas mi miedo
que producían los decibeles
de un frenético amor.
Quise tocar un rock más puro
ese que te embriaga
voz y razón.
Vamos canción!
Vamos amor!
Levanta la voz,
grita otra vez.
Quién sabe si esta noche
podés padecer
-entre ternura y placer-
la fuerza más pura.
Besa otra vez,
quita la luz,
retira las sábanas,
hoy no es el fin.

oración /2007/

Ella tomó al perro en brazos y tiró la oreja del niño con su mano derecha. Así se los llevó a la casa.

El niño a la pieza. El perro al patio. Castigados los dos. Sin comida, sin amor.

El niño se paró en la ventana y llamó al perro. Cuando el perro asomó el hocico húmedo a la ventana, el niño le contó un secreto.

-Hoy en la noche, cuando le rece a dios, le pediré por favor que se lleve a mi mamá al cielo-
-Sabes que pasa si se va ella al cielo?- le preguntó el perro, abriendo grande sus ojos oscuros.
-Sí lo sé. Ella se muere y no volverá nunca más de allá-
-Eso es verdad. Y por qué quieres que se vaya al cielo?-
-Porque ella dice que no se siente feliz aquí-
-Y sabes que pasa después que ella se va al cielo?-
-La dejan en un cajón bajo tierra-
-Y después?-
-Los gusanitos hambrientos intentaran comer su cerebro, las larvas se comeran sus ojos y las alimañas su corazón-
-Y acaso no te da pena?-
-No, porque su alma ya estará en el cielo y arriba sólo puede sentir felicidad. ni siquiera se enterará de lo que pasa con su cuerpo-
-Eso también es cierto-
-Lo sé-
-Entonces hoy, antes de dormir, reza porque tu madre se muera-
-Así lo haré-

Y así lo hizo el niño. Se hincó de rodillas frente a la ventana mirando al cielo y con los ojos cerrados le rogó a dios con todas las fuerzas de su corazón. Al otro lado de la ventana estaba el perro, oyendo el rumor fervoroso del niño. El perro, animal pero más sabio, sonrió ante la inocencia del niño, su deseo sólo se cumpliría si dios lo oyera, y dios sólo lo podría oir si es que de verdad existiera. Imposible, la mujer mañana seguiría igual de viva que infeliz.

Pasada la noche el perro no se equivocó. La madre estaba viva y el niño totalmente desilusionado. -No recé con suficientes ganas- él pensó. Y así pasaron semanas y meses, con la mujer sin morir y el niño cada vez más triste, pensando que dios no lo quería y era por eso que no le oía sus suplicas.

El niño dejó de comer, jugar y sonreir. El niño comenzó a enfermar. El niño comenzó a enloquecer. No entendía cómo su madre se resistía a la dulzura de un deceso sutil. Soñaba todas las noches con la muerte, lánguida, paciente y oscura, velando el sueño de la madre, demasiado fuerte para llevarla. Mientras tanto, el perro permanecía a su lado con más miedo de que la muerte se terminara llevando al niño y no a la mujer.

Así fue como un día, luego de tanto el niño delirar y el perro llorar, decidió hacer oir a dios las suplicas. Buscar a su manera la venganza que el niño tanto pedía ya. Y una tarde cualquiera, el perro atacó a la madre, mientras el niño dormía afiebrado, hasta que la mató.

Mujer en el cajón, descomponiendose en la tierra. Madre en el cielo, al fin feliz. Ella muerta, el niño sano.

Fue verdad, pero sólo por unos días. Finalmente el perro terminó suicidandose. Se tiró contra un camión la misma noche que encontró al niño de rodillas mirando al cielo y pidiendole a dios que lo llevara junto a su madre y ojalá de la misma manera en que la muerte a ella la mató.

open wide

Ella entra a la habitación y está todo impecablemente limpio; un cómodo sillón, una lámpara, una mesa grande junto a la pared con la única ventana. Ella se sienta en una silla a esperar, tímida, desconfiada, no sabe qué le va a pasar.

Él entra casi arrogante, se siente seguro porque es su terreno, abre la puerta, se encuentra con los ojos de ella, de porcelana triste, le sonríe y la saluda con delicadeza.

Al rozar su mejilla, ella siente una sensación tibia y no puede evitar sonrojarse, ocultando su mirada bajo las largas pestañas. Él la mira con ternura, casi paternal, pero en su cara se reflejan sus ideas y es como si de un minuto a otro apagase el interruptor y la oscuridad consume su rostro. Él debe tener presente por qué está ella en esa habitación.

Él le dice a ella que se quite el abrigo y se siente en el sillón; la toma de un brazo para que ella se apure, él no tiene tiempo que perder. Bajo el pesado abrigo gris aparece ella, con una polera ajustada y prácticamente transparente, dejando poco a la imaginación de él. En el rostro de ella se enciende la vergüenza e incomodidad que se generan en el deber de estar parada ahí frente a él. Él, en cambio, disimula una sonrisa de satisfacción frente al pudor de ella, y entre el esfuerzo para disimular su intención más hace notar su impaciente respiración.

Frente a los ojos de ella quedan los de él, y en un acto más de sumisión que de amor ella permite ser recostada en el sillón, pone sus manitos tiernas una a cada lado de sus piernas y cierra los ojos esperando asustada el momento de la acción.

Él le dice que abra grande la boca y el dentista empieza su misión.

olvida /2007/

El querer comer ciruelas mientras se enciende un cigarro o soñar con la importancia que tiene las hormigas en la tierra es anhelar el fruto sagrado que proviene de tus labios.

Desear volver a ser un nudo de la madera laminada, poder ser la tinta que enciende estas palabras aparenta ser un sueño, tan añejo como el vino que bebiste el año pasado.

Olvida ya los sueños frustrados, el anhelo reprimido de volver a ser lo que un día fuiste. Todo ha cambiado. Todo ha cambiado, desde el momento en que cambié la piel de mis brazos.

Pensar en volver el tiempo atrás, para revivir los tiempos felices también significa desenterrar las antiguas cicatrices. Olvida ya ser parte de un bosque que se desintegró luego del último incendio en otoño.

Extrañas sí, extrañas el cielo plateado, los frutos dorados que recogías a destajo mientras sonreías con pasión. Todo ha cambiado. Olvida tu juventud, la risa infantil que todos solían disfrutar. Olvida ya, que todo ha cambiado.

no contigo ni sin ti /2007/

Aún no echas raíces dentro de mis ojos
y es por eso que cuando te veo
tan lejano y perdido entre la niebla
puedo sacarte fácilmente de mi mente.

Pero saliste perseverante, insistente
y dentro de mi cabeza tu recuerdo está latente.
No te puedo sacar y a veces siento
que a tu nombre lo llevo inscrito en la frente.

No te entiendo ni quiero entenderte
sólo esperaba que te alejaras rápidamente.
Pero tu desapareces así como vuelves
y es lo que más me perturba la mente.

Te enciendo la boca y te seco las ideas,
te asusto, te espanto y tu miedo se siente.
Pero siempre, tu siempre vuelves
en vez de irte bajo el sol ardiente.

Es que ya no sé si esperarte
o dejar que te largues hoy y para siempre.
Y yo no te pido que tu vuelvas,
eres tu el que se acerca diariamente.

Me cansa escribir algo que rima,
porque en verdad de una u otra manera nunca entenderás
que estas palabras son para vos.
No se si te ciegas la boca y te enmudeces los latidos,
lo único que sé es que te gusta el vaivén
de mis ojos tras los tuyos
de mis manos tras tus pies, de mis palabras tras tu oído
y de mis estupideces tras de ti, que eres "todo sentido".

Es fácil en estos momentos sacarte de mi cabeza.
Jurar que todo se olvida tras la botella de cerveza.
Es fácil pensar pensando que no se piensa
y es más divertido dejar que todo fluya
fingiendo que todo va bien,
pretendiendo que todo es nada
y que nada es todo. Pero me cansa,
me cansa escribirte en rima y me aburre leerte en prosa.
Me cansa leerte en español mientras yo te respondo en inglés.
Odio oirte en silencio, mientras tu me oyes de pie.

Esta impaciencia (que no es madre de ninguna ciencia)
es lo único que puedo culpar.
Me enreda las pestañas, me corta la lengua,
me tuerce los brazos y no me deja caminar.
Estoy cansada de esperar,
estoy cansada de buscar,
estoy cansada de mirar
como este mundo va de menos a más
mientras yo me quedo un paso atrás.

nada /2007/

Cambió la página del libro. Ya le estaba perdiendo el gusto al arte. Hace tiempo que no dibujaba algo que la dejara feliz y la hiciera sentir orgullosa de su trabajo. Hace tiempo que no podía expresar sus sentiemientos.

Se arregló un mechón rubio, que había caído frente a sus ojos. Lo curioso fue que, en vez de lograr dejarlo en su lugar, el pelo se le quedó entre los dedos. Eran 176 hilos dorados, perdidos entre sus manos y desparramados en la cama. Se levantó y se miró al espejo, enredó sus dedos en el pelo, que se caía cual hoja de un árbol en otoño.

Pasaron 10 minutos y fue suficiente para quedar totalmente calva. Cayó al suelo, de rodillas, llorando, porque se sentía desgraciada, porque sentía que nuevamente la vida le jugaba una mala pasada. Lloró ahí, hasta que oscureció y la luz no le permitó ver más su reflejo. Cerró los ojos y siguió llorando en silencio.

Pasaron horas, pasaron días, hasta que por fin tuvo la fuerza para levantarse del suelo. Apoyo ambas manos en el cemento frío, pegando las palmas completamente, cargando todo su peso en los brazos de niña infeliz. Se incorporó lentamente, sin perder ni un minuto de su respiración, ni un parpadeo de sus ojos secos, recuperando de a poco su altura.

Llegó arriba, olió el cielo (o lo más cerca que estaría de él), e inhaló profundo el aire de alla arriba. Miró a su alrededor y comprendió que su camino debía seguir. Cuando volteó, sobre la cama aún estaba el libro de arte. Rebuscó entre los cajones algo de los óleos con los que pintaba. Tomó el verde y el café y volvió a sentarse en el suelo, frente al espejo.

Con un pincel untó los colores y los dejó recorrer su cráneo. Se deslizaron como el agua que corría en la ventana atrás de ella. Se resbalaron y volvieron a subir, una y otra vez, hasta que terminó la pintura más hermosa que había podido dibujar en su vida jamás.

Se miró al espejo, con nostalgia y orgullo. Por fin salía de la oscuridad que tanto tiempo había permitido que se llevara la alegría de su vida. Al fin lograba sentir esa vida dentro de ella nuevamente, el amor por lo que hacía, el amor simplemente porque vivía.

Se recostó en la cama, con una sonrisa dulce en los labios y sus pinceles en la mano, cerca del corazón. Logró dormir, después de mucho tiempo. Soñó con su nueva vida, con su nueva manera de ver las cosas, con su nueva manera de verse ella misma.

La mañana estaba radiante. El solo brillaba afuera y se respiraba en el aire el olor a día domingo -porque los días domingo tienen olor, quién dice que no?-. Se levantó de la cama y lo primero que hizo fue mirarse al espejo. Miró sus manos pálidas, sus ojos translúcidos, su sonrisa de vida nueva y el pelo rubio descansando sobre sus hombros.

Se asombró un poco, y hasta el día de hoy no puede definir si en ese momento sintió felicidad o desilusión. Su vida seguiría tal cual y todas las angustias por perder su pelo en realidad fueron nada.. Más que un sueño.

música /2007/

Le corría la música por los dedos y se le devolvía hasta los codos porque no encontraba lugar para escapar.

Estallaba a veces en su cabeza y otras se le escapaba por la boca.

Mientras dormía le obligaba a mover los ojos y a seguir la melodía con los dedos de los pies. En las mañanas le hacía temblar las piernas y lo hacía vibrar de pasión al atardecer.

Era su amante, lo complacía en todo lo que él quisiera mientras que la oía quejarse, gemir y gritar de placer.

Era su pareja, lo acompañó en todos lo momentos más importantes de su vida. A veces más dulce, sarcástica, compleja o anestésica. Aliviaba el dolor y enfatizaba la alegría.

Desde el día en que lo engendraron hasta el día de su muerte amó la música, desde un día de invierno hasta del verano un atardecer

moatilliatta II /2007/

Si moatilliatta es mentirosa compulsiva
no deberías creerle todo lo que dice

moatilliatta también es cleptómana
y roba lo que tiene a mano
y lo que ahora tiene más cerca
son mis ideas

moatilliatta está media loca
y como está media loca
manipula todo lo mío
sentimientos & ideas
los modifica y los hace suyos

moatilliatta me golpea
y me escupe
me deja en el suelo
cuando me miente
cuando la entiendo
cuando sonríe y llora a la vez

moatilliatta me absorbe
me consume
y a la vez me vomita
junto con su falsa verdad

moatilliatta me opaca
con todo su parafernalia
me reduce, me ahoga
me asusta y manipula

moatilliatta me domina
y yo la hago mía
cuando está desprevenida
contando mentiras

a ella no se le cree
nunca jamás
creedme a mí
que es mejor llevarla adentro
que ser una en todo su esplendor

moatilliatta /2007/

Y no extraño

-no extraño-

las tardes de otoño

los jardines dorados.

No extraño tus manos

ni tus pies descalzos.

El viento de enero

el sabor de un naranjo.

No te quiero,

no te amo..

Vuelve a mí,

vuelve a mí!


No te quiero
ni te extraño.
No anhelo
en mis manos
tus manos.
El sabor del pasto,
el color de un cerezo.
No te amo,
no te extraño..
Vuelve a mí,
vuelve a mí!

Y si ya es demasiado tarde para olvidar, déjame decirte que las horas pasan hasta el segundo de morir. Que nadie se hace viejo hasta que termina de vivir. Que nunca es demasiado tarde para volver a sonreír.

Que tus palabras son agua que se escurre en mis ojos. Que me dañas, que me pesa el haber causado tanto daño. Y no es por tí, es por mí; porque la conciencia no descansa, porque no puedo dormir en paz.

Sabías que soy mentirosa compulsiva? Sabías que me lavo las manos sólo tres veces al día? Sabías que soy supersticiosa y siempre miro al cielo antes de dormir? Sabías que mientras lloro también sonrío? Sabías que siempre estuve enamorada de tus manos?

Cuántas cosas de mi no conocías! Cuántas cosas de mi nunca sabrás! Que yo no extraño a las personas. Y creo fervorosamente que el que se va de mi lado no me importará nunca más. Que a quienes verdaderamente quiero, las amo con toda mi razón y hasta sería capaz de dar mi vida por ellos. Que a quienes quiero a mi lado, por siempre, no los descuido ni un minuto. Y todo es por egoísmo, pero egoísmo del bueno, porque mi vida sin ellos no tiene sentido y soy capaz de vender mi alma e incluso mentirle al cielo sólo para tenerlos junto a mí.

Jamás extraño, porque a las personas que quiero no las dejo ir. Jamás extraño, porque las personas que se alejan son las que nunca me importarán.

mi casa /2007/

Llegué a mi casa y me saqué las zapatillas. Sentí el frío del suelo caminando bajo mis pies.

La casa estaba vacía y por fin ahora, cuando no tenía muebles, la logré sentir mía. Sus paredes blancas y desnudas y ni un sillón, mesa o silla estorbándome.. Descubierta a mi vista, exponiendo todos sus ángulos.

Me recosté en el suelo y a mi piel se pegó el vacío helado de su transparencia deshabitada. Por un minuto pensé que la conocía de memoria, las ventanas escondidas tras las cortinas blancas, un par de telarañas adornando mi descuido, la mesa redonda que escondía una esquina perfectamente limpia.

.

Un día de invierno vi esta casa por primera vez -recordé- blanca, incluso más blanca que ahora, sin un mueble, tal cual la veo en este mismo momento. Y el tiempo pasó y yo la poblé de figuras y colores extraños, ajenos, la adorné, la vestí y quizá hasta la disfracé; y con ese mismo tiempo la fui olvidando en su estado puro, casi virginal.

Día a día llegué, sin prestarle demasiada atención, porque la conocía de memoria, porque pensé que no era necesario. La olvidé, por miedo. Pensé que si algún día la llegaba a ver desnuda otra vez, no iba a ser de mi pertenencia, lo que yo había creado y arreglado a mi comodidad. La olvidé, porque pensé que antes de vivir en ella, no tenía ninguna conexión conmigo.

La revestí de dorado, de verde, de rojo, de negro y azul. Le colgué árboles, iguanas, ríos y nubes. La tapicé con política, música y literatura. Tenía todo lo que yo quería -e incluso un poco más- pero aún así no era completamente mía. Tenía todo lo que yo era, y aún así no era mía.

Me maldije por ser tan ciega, porque no veía frente a mis ojos lo que era evidente incluso para un ciego. La tomé, la manipulé, pero nunca la aprecié por lo que era.. Y hoy, un maldito día de primavera me doy cuenta que si la hubiese dejado tal cual la conocí hubiese sido mía para siempre.

Descalza, me levanté del suelo frío. Me paré bajo el umbral de la puerta de entrada y aún no decido si abandonarla en el olvido o dejarla que me retenga entre sus brazos.

mentir o no mentir (por mi) /2007/

Lo más triste de todo es cuando no te creen y estás diciendo la verdad.

Cuál es la diferencia entonces entre mentir y no mentir? Mi conciencia limpia? Por favor! Nunca he tendio ese problema -y no es porque no tenga conciencia-.

Cuántas veces lo he tenido que soportar ya? Cuántas veces más lo tendré que soportar?

Y después me preguntan por qué reacciono tan mal, después me preguntan por qué me pongo violenta o reacciono de manera agresiva, por qué soy malditamente indiferente.

Por qué? Por qué lo hago? Por qué? Simplemente porque esa gente que no me cree me aburre. Es un desgaste de saliva y aire y una sobredosis de desilusión y rabia. Repetir y jurar hasta el cansancio que "te estoy diciendo la verdad", es una estupidez. Y es llorar y rogar que te crean porque estás diciendo la verdad y ni así te creen.

Entonces qué pasa? Me enojo y mando todo a la cresta. Para qué seguir hablando? Para que seguir llorando? Para qué seguir jurando? Son palabras al aire. Y me enojo, porque me duele, mando todo a la cresta porque quiero que no me importe más.

Aún así, yo decido cuándo mentir y cuándo no. Y también decido cuando no mentir si había mentido o no. Yo decido todo. Y no lo hago por mi. No es mentir porque me pese la conciencia, es mentir simplemente por mi conveniencia.

En todos los casos y de cualquier manera siempre será mentir o no mentir por mí.

Pero lo que más duele, es cuando por fin digo la verdad y la digo preocupándome de quien me pide la verdad y aún así ese alguien no me cree.

Por eso es que siempre tengo que pensar primero en mí, después en los demás.

maria /2007/

Abrió su carterita barata con flores naranjas y azules estampadas, y de ahí sacó suficiente maquillaje como para cubrirse la cara hasta después de muerta. Tomó un lápiz verde y delineó, no sin exageración, sus ojos cansados luego del trasnoche. Tomó entre sus dedos largos unas pinzas medio oxidadas y quitó una que otra ceja cercana a sus párpados de zorra vieja, que estaban caídos de tanto llorar penas de amor.

Se detuvo un momento, se miró en el espejo de cuerpo entero, sentada ella en una silla blanca y a sus espaldas un hombre cubierto con mal empeño por las sábanas que más amarillas que blancas eran ya. Las cortinas rojas, pobres y desteñidas del motel cumplían su función colando con poco esfuerzo el sol de una mañana de Septiembre. Se miró otra vez en el espejo y prefirió no seguir mirándose, no era del todo agradable. Encendió un cigarro y continuó con su ritual mientras fumaba.

Se pintó los labios, un poco arrugados por la edad, de un rojo parecido al de las cortinas y en realidad no le preocupó que el verde maquillaje de sus ojos no combinara en absoluto con el rojo de sus labios. Estaba demasiado cansada y vieja para preocuparse por tonteras de chiquilla. Al fin y al cabo, lo único que buscaban sus amores de una noche era un orificio al que se pudiera penetrar.

Tomó el rubor y trató de darle un poco de color a las mejillas morenas. Sinceramente, no sabía por qué razón se estaba maquillando, y llegó a la conclusión de que lo hacía simplemente por costumbre. María -dijo para sí misma- cada día estás más enferma, deberías dejar de fumar. Deberías buscar un trabajo que no exija tanto de ti fisícamente, busca trabajo en un bar, limpiando mesas, botando colillas de cigarro y barriendo las cenizas, qué sé yo..

Se levantó de la silla blanca y por la mente se le cruzó una idea. Salió corriendo fuera de la pieza del motel y se inclinó vestida a medias en el mesón de la recepción.

-Mariano!- llamó con el cigarro prendido en los labios- Mariano! Préstame rápido la cámara! Necesito tomar un par de fotos!
-Esperame, ya te la traigo- le dijo Mariano, mirandola confundido. Volvió Mariano, con la cámara entre las manos gordas y con las uñas comidas.

Ella salió corriendo escaleras arriba y abrió la puerta de la pieza. Se convenció una vez más que el fin justifica los medios y el chantaje no es tan malo cuando se dice la verdad.

Se desvistió y se acostó junto al hombre de la cama. Una, dos, tres y cuatro fotos eran suficiente para tener pruebas confiables. Se volvió a vestir y salió corriendo nuevamente de la pieza, con su carterita barata en un brazo y la cámara de Mariano en el otro.

Se despidió de Mariano, prometiéndole que le devolvería lo más pronto posible su cámara. Salió del motel y miró a la pieza donde había pasado la noche. Pasó una mano por su cara y pensó que en cuanto llegara a su casa se tendría que afeitar. Sonrió con los ojos brillantes y gritó en medio de la calle "Quién iba a pensar que el alcalde es maricón!"

love love love /2007/

Tengo frío, estoy cansada y tengo hambre. Pero no me abrigo, no me acuesto y no como nada..

A quién se le ocurre mojarse los pies cuando afuera andan camaleones sueltos que te lamen los ojos?

El otro día le pedí por favor a mi madre que me comprara una jirafa, de esas verdes con el cuello gordo de las que yo gusto tanto, y ella rotundamente me cerró las ideas con un NO tan microscópico como el color amarillo de tus ojos que baila alrededor de tus pupilas ciegas.

A veces suelo mirarte, a escondidas de mi conciencia, mientras te salen lagartijas de la boca tanto que fumas, y me imagino que adentro de tus pulmones está lleno de huevos reptiles, con los ojos vivos y la boca mutante.

Y es así como nace el problema de mi lengua viperina y tu lengua de elefante, que cada vez que te beso te enveneno y tu me dejas sin aire. Y se pierde entre tu boca y la mia el sabor de la miel, abejas saladas que nos cocinan el amor que aún no aprendemos a manipular.

Te quiero, antes de conocerte. Y te deseo en mis brazos de ratón mañoso. Que no te dejaré escapar, a menos que estés dispuesto a morir en los brazos de alguna gata sin alma, que sólo te querrá para reproducirse. Te deseo en mis brazos, que aprenderé a abrazarte. Te deseo en mis brazos, que sólo tu me enseñarás a amarte.

Deseo, deseo, deseo.. Y para el año nuevo dejar que en tus manos un flamenco rosado te estalle.

Aquí empiezo a sentir frío [y con tus manos poder abrigarme].

Ahora empiezo a sentirme cansada [y bajo mis ojos poder soñarte].

Así empiezo a sentir hambre [y de tu amor poder saciarme].