sábado, 26 de junio de 2010

despedida

Te dibujo lineas en las manos, antes que termine Junio o quizá mientras comienza Julio, te perderé.. Y por lo mismo te dibujo en las manos, trazo lineas en tus palmas para ver si logro juntar tu camino y el mio en un futuro no tan lejano, protegiéndome así de los golpes de este frío invierno con la tibia esperanza de que nos volveremos a ver.. Algún día.

Te sueño siempre, soñandote en sueños desvelados, confundiendo tu cara con la de alguien más familiar, mezclándote con antiguos recuerdos, fantasmas del invierno pasado; porque siempre supe, desde el primer minuto en que te vi, que te perdería y que te lloraría con la misma desazón que lloré el invierno pasado.. Y me siento tan expuesta, porque a pesar de todo lo vivido, todas las despedidas, hoy no sé cómo te diré adiós mañana, cómo te voy a dar el último beso, el último abrazo, si es que con suerte me concedes eso.

Qué tenías en los ojos, en la sonrisa esquiva, no lo puedo decir, porque nunca lo he logrado identificar con certeza, es algo que viaja en el aire y se cuela en mi nariz, pura química que me destroza los nervios, química de bomba lacrimogena que me hace llorar sin poder abrir los ojos y los labios pican, arden de dolor.. Dolor de ausencia -de la tuya-.

Te he visto sonreír, te he visto perdido en quizá qué pensamientos, te he visto apretando las mandíbulas de rabia, te he visto nervioso y te he visto.. Te he visto, te he visto, te he visto.. Mirándome, perdido en el goce de saber que me desmiembras con cada parpadear, y me vas desnudando, quitándome los ojos, los labios, los brazos; completamente expuesta, a tus pies.

No me preguntes, por favor no me preguntes, cómo voy a hacer para despedirme de ti, que ya me he desvelado noches enteras, entre sueños desvelados, diciéndote adiós. Esta es la última vez que las lineas de tus manos me permitieron mirarte, rozar tu piel, las yemas de tus dedos, estrujarte con mis brazos, desearte tanto con mi boca, aguantando las lagrimas producto de la química de tu olor, anhelandote con todo el corazón, sintiendo cómo te me escapas, te escurres como el tiempo, igual como se va esta puta vida que no me permitió otro momento a tu lado.

lunes, 7 de junio de 2010

viva!

Camino entre la gente, invisible con mi abrigo negro, el sombrero inclinado sombreándome los ojos. Mi identidad me obliga a permanecer silente, soy un asesino despiadado, pero consciente. Camino con pasos largos, zancadas, rápida y silenciosa, ágil, como una sombra que se esconde en el alero de los grandes edificios producto de la civilización.

Con una sonrisa burlesca te miro, los observo, con la mirada esquiva de ustedes me burlo en mi pensamiento. Me miran y pueden pensar que estoy loca, lo que piensen de mi no me importa, mis motivos son más fuertes que sus palabras labradas en miedo, en cobardía. Me has de preguntar si te conocía, pero no una respuesta te mereces, si te olvidas de mi rostro mejor no te acerques, te voy a devorar con mis dientes.

Soy poderosa dentro de sus corazones, latente en los puños levantados, en el canto exaltado. Vivo en el sudor del obrero, en el lamento del oprimido, en el canto del viajero, en la palabra del mendigo. Me alimento de sus gritos, mas no soy parásito, sólo saco lo mejor de ustedes para hacerlos crecer grandes y fuertes, todos unidos como una gran masa con movimiento de mar, impenetrable e incontenible, hundiendo barcos de progreso con nuestro andar, oleaje de igualdad.

Me has de ver, crucificada, desnuda y con los pezones perforados. Me verás sangrar hasta que la vida se me escape por los labios, en un suspiro vago; pero siempre viviré, a través de los años, en el vientre fecundado, porque lo que hemos sembrado con los pies embarrados, con las manos sucias y la frente perlada ha de ser la tierra fértil que cobije nuestro ideal. Viviré eternamente, entre corazones jóvenes y mentes sabias, muchas veces camuflada pero nunca escondida ni avergonzada, son todas tácticas de nuestro humor; viviré en ti, y en medio de las manos entrelazadas de amantes febriles que vibran con mi ritmo escuchando una canción mientras hacen el amor.

Soy la Revolución.

miércoles, 2 de junio de 2010

el caminar

Es una procesión lenta y fría. Camina temprano en la mañana, la neblina se mezcla con el rocío, se le humedecen las manos, las gotas de agua le adornan los dedos, mientras sujeta entre ellos una corona de margaritas, los pétalos blancos, también húmedos, caen lacios, mustios, mirando hacia abajo el camino que va quedando atrás.

La procesión es lenta, en la fría mañana, no hay pasos para atrás. Ella avanza, descalza, con el vestido blanco rozando el suelo, el pasto fresco y la tierra triste. Los arboles la abrazan, la cobijan, la protegen de este frío invierno, tronchados, también lánguidos. Ya nadie tiene fuerza para mirar al cielo.

El caminar, el andar, es pesado, las piernas van ondeando, nadando entre la neblina. Todo es lento, angustiado, de miedo congelado. Las plantas de los pies van escribiendo en la tierra los lamentos de toda una vida, las huellas son nuestra sagrada escritura, la historia de nuestras vidas, de nuestras penas y nuestras risas, las lagrimas aguadas, las carcajadas abrasadas.

Fue suficiente un parpadear, el movimiento de sus pestañas eternas, para desatar un vendaval y una tormenta. Las nubes rugieron allá arriba, de cara a la tierra triste, y se desató la lluvia, el infierno de los desvalidos, y comenzó a caer el agua con siniestra copiosidad.

Su pelo naranjo, de fuego, se oscureció a un rojo brasas de infierno fruto de cerezo, mojado hasta las puntas, completamente se apagó. Una que otra flor de la corona se cayó, mientras el vestido se transparentaba, pegándose a su cuerpo maltratado por el amor y el cansancio. La neblina se comenzó a levantar, y ya le estaba devorando las rodillas, los muslos, hambrienta subía por su cuerpo. Nada más quedaba por hacer.

Apuró el paso, comenzó a correr desesperada. Los pies descalzos se le confundían en el barro, en algún momento, eventualmente, tendría que caer. Llegó a un claro, donde el pasto se acababa y después de un paso en falso comenzó a caer. El barro, con fauces de lobo hambriento, la trago desde los tobillos hasta la garganta. Trató de salvar la corona de margaritas, pero ya era inevitable. Los arboles estiraron sus ramas, intentando salvarla, pero no, hacer otro intento era sencillamente perder más fuerzas.

Ya dentro de la tierra triste, acostada y rodeada de escarabajitos y gusanos, cerró los ojos, por fin podría descansar luego de esta carrera. Sobre su vientre recostó la corona y en ella sus manos cruzadas en forma de paloma cansada. Estiro los pies, y con sus dedos apretó la tierra, por última vez. Una lágrima rodó y se coló en su oreja, la escuchó andar por su piel hasta que se esfumó y sus labios secos soltaron el último suspiro, el más desgarrador e impotente.. Era muy temprano para morir.

Días después de haber desaparecido, todos entendieron que el bosque la había convencido, la había engañado. Ya llevaba una semana escapándose de la muerte, corriendo desesperada en la ciudad, nadando en el mar y finalmente perdida con su caminar lento y pesado dentro del bosque. Ni los arboles, ni la neblina fueron capaces de esconderla. La muerte es inevitable, insolente e injusta, llega en el momento que quiere llegar, sin preguntarnos cuánto nos falta por bailar.