Los escarabajitos, con sus mil ojitos, tejen bajo mi cama sueños ciertos y realidades falsas.
A veces los oigo cantar, con sus patitas rosadas, sus dientecitos de oro y sus manitos moradas. Trabajan de día, trabajan de noche, es tanto el ajetreo que no me dejan dormir. Un día me preguntaste, con tus ojos relucientes, si es que podría cortar tu pelo envuelto en llamas.
Que me quemo! -Te grité yo, mientras los escarabajitos abajo se reían.- Meter mis manos muertas en tu pelo es abrir un camino al mismísimo infierno.
Sonreíste con inocencia, mientras yo te miraba desconcertada. Aun no entendías lo que pasaba debajo de mi cama. Los escarabajitos trabajan y trabajan, sólo porque no hay otra cosa que sepan hacer. Tu pelo se mantendrá intacto, alejado de mis manos, sólo porque tú lo quieres hacer.
Cuando me siento en el suelo a contar hormigas me cuesta mucho entender tu actitud. Te pido que cuides mis sueños, te pido que siempre me acompañes; sin embargo, a veces, mis escarabajos furiosos te atacan, sin querer hacerte daño. Las hormigas su burlan de mi ejercito malhumorado, y yo, sin quererlo, nunca podré contarlo.
A veces los oigo cantar, con sus patitas rosadas, sus dientecitos de oro y sus manitos moradas. Trabajan de día, trabajan de noche, es tanto el ajetreo que no me dejan dormir. Un día me preguntaste, con tus ojos relucientes, si es que podría cortar tu pelo envuelto en llamas.
Que me quemo! -Te grité yo, mientras los escarabajitos abajo se reían.- Meter mis manos muertas en tu pelo es abrir un camino al mismísimo infierno.
Sonreíste con inocencia, mientras yo te miraba desconcertada. Aun no entendías lo que pasaba debajo de mi cama. Los escarabajitos trabajan y trabajan, sólo porque no hay otra cosa que sepan hacer. Tu pelo se mantendrá intacto, alejado de mis manos, sólo porque tú lo quieres hacer.
Cuando me siento en el suelo a contar hormigas me cuesta mucho entender tu actitud. Te pido que cuides mis sueños, te pido que siempre me acompañes; sin embargo, a veces, mis escarabajos furiosos te atacan, sin querer hacerte daño. Las hormigas su burlan de mi ejercito malhumorado, y yo, sin quererlo, nunca podré contarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario