miércoles, 4 de febrero de 2009

[Espera] /2007/

Hundió la cabeza en el agua y ciento once veces proclamó su nombre bajo el mar. No le sirvió de nada enloquecer hasta que quedó mudo.
Esperó sentado bajo un árbol. Esperó sentado, desesperado, desesperanzado; con el cuaderno en su regazo y un lápiz inútil en las manos. Y es que ya no le quedaban más ideas que un simple recuerdo estirado, idealizado, metamorfoseado y romántico.
Los minutos pasaron y se venció mirándola a los ojos cuando ella traspasó el umbral de la puerta, sumándole pasos a la lejanía. Le vio los ojos, le oyó la voz, le olió su aroma, en sus manos la piel de ella y en su boca el sabor amargo.
En 5 minutos y 27 segundos volvió a enloquecer, dentro de la pena y la cordura. Una vez más rogó que le disparara, que le volara el cerebro con el simple roce de un beso a medio morir.
Así espera todo el día, hasta que ella lo ve y se acerca lento, siempre interrumpida, mirándolo a los ojos y con un cigarro en la mano, absorbiéndolo con su mirada, hasta que está lo suficientemente cerca como para dejarlo descerebrado, pero aún así medio vivo.
-Espera tú,- susurró entre dientes- espera a que te llame despierto, en sueños, espera, hasta que desfragmentes tu soledad en mi mundo y en tu mundo mi locura.
Se abrió las manos, se abrió los ojos, se abrió los oídos, se abrió la boca. Y en su ausencia, quedó ciego, sordo, manco y mudo. En su ausencia quedó sujeto al vacío de su cuerpo y a una estela de su aroma. En su ausencia llenó el espacio con esperanzas desesperadas y un cigarro entre los dedos siempre a medio morir.

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