lunes, 7 de junio de 2010

viva!

Camino entre la gente, invisible con mi abrigo negro, el sombrero inclinado sombreándome los ojos. Mi identidad me obliga a permanecer silente, soy un asesino despiadado, pero consciente. Camino con pasos largos, zancadas, rápida y silenciosa, ágil, como una sombra que se esconde en el alero de los grandes edificios producto de la civilización.

Con una sonrisa burlesca te miro, los observo, con la mirada esquiva de ustedes me burlo en mi pensamiento. Me miran y pueden pensar que estoy loca, lo que piensen de mi no me importa, mis motivos son más fuertes que sus palabras labradas en miedo, en cobardía. Me has de preguntar si te conocía, pero no una respuesta te mereces, si te olvidas de mi rostro mejor no te acerques, te voy a devorar con mis dientes.

Soy poderosa dentro de sus corazones, latente en los puños levantados, en el canto exaltado. Vivo en el sudor del obrero, en el lamento del oprimido, en el canto del viajero, en la palabra del mendigo. Me alimento de sus gritos, mas no soy parásito, sólo saco lo mejor de ustedes para hacerlos crecer grandes y fuertes, todos unidos como una gran masa con movimiento de mar, impenetrable e incontenible, hundiendo barcos de progreso con nuestro andar, oleaje de igualdad.

Me has de ver, crucificada, desnuda y con los pezones perforados. Me verás sangrar hasta que la vida se me escape por los labios, en un suspiro vago; pero siempre viviré, a través de los años, en el vientre fecundado, porque lo que hemos sembrado con los pies embarrados, con las manos sucias y la frente perlada ha de ser la tierra fértil que cobije nuestro ideal. Viviré eternamente, entre corazones jóvenes y mentes sabias, muchas veces camuflada pero nunca escondida ni avergonzada, son todas tácticas de nuestro humor; viviré en ti, y en medio de las manos entrelazadas de amantes febriles que vibran con mi ritmo escuchando una canción mientras hacen el amor.

Soy la Revolución.

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