Gacela de líneas doradas, te veo pastando bajo el sol, cual estatua divina bañada en amor. Con la mirada absorta y el vientre descubierto, frágil, inocente, desolada, perdida..
Te deseo porque sé que alcanzarte es una misión monumental, reservada sólo para los fuertes de corazón, balanceándose en la razón, porque el camino es largo, porque el trote es arduo y tortuoso con este calor.
La única recompensa de este sacrificio es tener tu sangre deslizándose por mis fauces, tibia y espesa pero refrescante, sabor perfecto para saciar esta sed.
Y corro, corro para alcanzarte y a cada paso mis piernas se fortalecen, mi corazón se exalta y mis pupilas se dilatan de tanto placer.
Ya en mis brazos, tu cuello atrapado entre mis dientes se deshace, y tu esencia se desvanece bajo mi piel. Perseguirte y tenerte fue tan reconfortante como acecharte mientras dormías.
Te perdí desde el momento en que comencé a desearte, porque tenerte era alejarte, porque te obligué a huir cuando me atreví a sentir amor por tu sonrisa esquiva, tu palpitar desesperado..
Nunca me perdonaré haberte cazado.
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