Recuerdo bien la última vez que te vi en el cementerio.. Fue hace más de un año.. Sin embargo, puedo asegurar que te he visto un millón de veces o, mejor dicho, a tu fantasma, la esencia de tu recuerdo inmortalizada frente a mis ojos.
Tengo un millón de imágenes, desordenadas, tiradas al azar dentro de mi retina. A veces encuentro tu sonrisa, tus palabras, tu mirada en otras personas; y otras tantas veces puedo sentir tu piel, las yemas de tus dedos en cada gota de lluvia, apenas rozándome, resbalando, y yo sin poder retenerte.
Aunque, por más que lo intento, no recuerdo cómo llegar a tu tumba. Al parecer, el camino más directo que me lleva hacia a ti es el más lejano, el más imposible.. Sé que tenía que caminar, caminar derecho, pero no sé cuánto tiempo.. Cuando hice el camino contigo, siempre que estuve contigo perdía la noción del tiempo.
Ha sido más de un año.. Quizá la mayor cantidad de tiempo que hemos estado separados, la única, sé que esta es la primera y la última, la definitiva.. Aun así, no temo recordarte a cada instante que me es posible. Ordenar las frases, jugar con los ritmos, como tu lo hacías.
Asumo que, después de perderte, no he dejado de imaginarte. Para mi estás, pero no estás muerto. Acepté tu partida -sin ni un adiós de por medio-, pero sigues viviendo.. Y cada vez que me encuentro contigo, con tu fantasma, o en sueños, todos los minutos que estuve junto a ti vuelven a cobrar vida, recuperan el color, los sonidos, los olores..
No te puedo dejar ir, no te puedo olvidar. Probablemente, no volveré a visitarte, sólo porque no sé cómo llegar. Quizá algún día me devuelvas todo lo que me quitaste, quizá algún día volvamos a compartir un cigarro, un café.. Y no puedo negar que aún te extraño.. Y, en el aire, haces falta.
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