lunes, 11 de octubre de 2010

las puertas

Ay garganta de lata, te convertiste en acero recién forjado durante estos primeros días de octubre, mientras me salo los labios comiendo limones ácidos, que, a veces y afortunadamente, tienen el sabor añejo de las mandarinas verdes que solíamos robar de los arboles de una vecina que vivía a la vuelta de la casa.

Ay 2010, nunca pensé que ibas a llegar a esta época del año, con estos días de primavera, cuando los días de este octubre solitario se alargan como las nubes de un cielo parcialmente nublado y el sol ya no se esconde tan temprano y tenemos más horas de luz que de oscuridad.

Qué podría decir de las puertas? Nunca cierro una antes de cerrar otra, al menos no es así si yo tengo la oportunidad de elegir. Qué podría decir yo de mi? Que siempre he apostado a ganador, al igual que en las carreras de caballos, a nadie le gusta perder, eso está claro, pero pocos sabemos ganar.

En abril todo se veía tan incierto, cierto que con un futuro prometedor, pero aun así incierto.. Y todavía lo es, como siempre lo ha sido y siempre lo será; la ventaja de vivir en octubre es que ya he dejado de pensar en el futuro, para exprimir las lágrimas ácidas del presente, disfrutando el llanto y la escasa oscuridad.

Qué podría decir yo de mi? Hablar más allá de los limones, las puertas, las apuestas y las lágrimas, podría hablar del cigarro y el alcohol, de las risas mayormente vacías, los abrazos tan ansiados nunca entregados, los sueños atormentados y el tiempo que pasa volando..

Ya ves, no hay puertas completamente abiertas, y una que otra cerrada, porque las lágrimas salen ácidas como el limón con sabor a mandarina verde, afortunadamente, porque las puertas están recién forjadas igual que el acero, porque en octubre todo se confunde pero no se malinterpreta, porque las nubes se alargan igual que la espera, y el cielo es infinito en su poder y grandeza, lleno de esperanza y tontas promesas.

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