la tierra se detiene.
Las hormigas dejan de correr
y los escarabajitos de escarbar.
Mientras tanto yo voy comiendo sandias,
tropezando una y otra vez con sus pepas.
Las arañas se rien, se burlan de mi,
mientras que con sus ocho patas,
tuertas de envidia,
tejen marañas para que vuelva a caer.
Sin darme cuenta, caigo.
Voy de cabeza en un agujero,
la gran boca de una serpiente
que de un minuto para otro
me quiso tragar.
La verdad es que no entiendo,
no los entiendo,
por qué todos intentan verme llorar?
Las risitas se oyen a mis espaldas
y la ausencia de tu voz
es el eterno eco que oigo desde el más allá.
La ausencia de tu cuerpo,
de todo tu cuerpo, es lo que me consume.
Y el humo de este cigarro no hace más
que nublarme, enceguecerme de amor.
Los misterios de tu canto son indescifrables.
Y al ver a los camaleones amarse
con las colas amarradas y los ojos desorbitados,
me pierdo y vuelvo a caer.
Todo parece tan confuso cuando tu estas lejos.
Porque con una palabra me conquistas
y sin ellas me partes el corazón.
Sinceramente no entiendo y realmente siento
que la única posibilidad para perdonarte,
para perdonar la ausencia de tu cuerpo, es tu muerte.
Las luces se comienzan a apagar,
los sonidos empiezan a brillar de manera estruendosa,
y no me importa perderme entre humos etílicos,
entre vicios que me consumen y el olor a albahaca;
haría cualquier cosa sólo para sacarte de mi cabeza,
perderme en otros brazos con los ojos cerrados
sin poder dejar de sentir tu olor a cada paso que doy
a cada lugar que voy sin tus ojos, pero pegado a mi nariz.
Me haces falta en el aire, entre mis manos
que duelen tanto por estar vacías, sin ti.
Tengo tanto para ofrecerte, entre líneas saladas y coloridas,
musicalizadas con mis aullidos de dolor por culpa de tu ausencia.
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