jueves, 22 de abril de 2010

semáforos

Iba en la micro, sentada y mirando hacia afuera pero en mi propio mundo. La micro se detuvo, la luz roja del semáforo se disparó frente a mis ojos y los vendedores ambulantes empezaron a caminar entre los autos, como una marea de ofertas, juntos sorteando obstáculos.

No me puedes pedir ahora que tenga valores, después que me crié entre el odio, no me digas que me controle, porque la rabia que llevo dentro, durante tantos años, a estas alturas ya me está consumiendo.

Hoy fue un día terrible, y lo único que pedía era un hombro gentil para poder llorar tranquila, para poder rajarme llorando; lo único que pedía era un abrazo misericordioso y casi milagroso, que me lograra hacer olvidar.. Pero no. Hoy todo empezó y terminará mal.

No me pidas que saque a relucir mis valores, no me pidas que mantenga las esperanzas. No ahora, por favor no. Creo que ya llegué a una edad donde no me puedo mentir a mi misma, donde no puedo guardar esperanzas ni ser cortés sólo porque así debería ser, porque es lo políticamente correcto.

La vida no es así, no es correcta, y si lo fuera, probablemente sería demasiado aburrida. He pasado tantos años tratando de aprender a conocerme y saber lo que es mejor para mi; llevo años enteros pensando que la vida es muy corta y que hay tanto por hacer, pensando que hay que aprovechar cada minuto al máximo.. Y ahora me doy cuenta que es imposible, que intentar hacer todo lo que puedo en un año sería un desgaste inmenso, que no es posible, no es posible..

Tampoco es posible sacarme la amargura que llevo aquí dentro y el rencor que va creciendo con los años. Es imposible dejar de perder horas pensando en ti, de perder horas pensando en lo que podría ser sin hacer nada. Me parece que soy lo suficientemente vieja para saber que la vida es triste y que lo peor que puedo hacer es mantener vivas las esperanzas y tu recuerdo.

No hago más. Me rindo. Tengo un semáforo frente a mi, imposible, no puedo seguir.

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