Se encienden las ideas, al momento de besar sus labios verdes, al momento de tomar sus manos de árbol entre las mías, al amarrarme a su pecho inundado.
Salí a pasear, a caminar entre jirafas, por un camino rojo infinito, que me llevaba a la ventana de tu casa. Necesitaba verte, tu sonrisa de jengibre, tu aroma a arena, fresco, tan fresco.. Salí a pasear entre jirafas, sin saber que en el camino los escarabajos rosados, con sus patitas infinitas, tratarían de detenerme.
Frente a ti, lo recuerdo bien, te miré mientras el sol se escondía en tus ojos. Frente a ti, separados tu y yo por un mar con sabor a vinagre, tan amargo como este sentimiento de quererte y no poder tenerte. Separados, tratando de descifrar el universo que se esconde tras nuestras pupilas, intentando avanzar, con las alas abiertas.. Caída libre.
Pelear con los escarabajos y esperar ganarles suena tan ilógico como querer saltar este muro de barro con las piernas juntas y los ojos cerrados. Veo mil obstáculos para poder alcanzarte, para poder guardarte en mis brazos de lagartija, para encender mis ideas y mi sangre fría con el calor de tu sonrisa. Me haces arder con tu fuego, con el palpitar de tu sonrisa infantil.
Tu voz es etérea y volátil, con efectos etílicos en mi paladar. Al oírte cerca me embriago; al verte hablar sin olerte me desespero.. Eres mi peor adicción. Si fueras un cigarro, te afirmaría entre mis dedos, te encendería con la lengua y te fumaría hasta acabar. No te dejaría respirar, no te dejaría escapar.. Sólo si pudiera tenerte entre mis dedos.
Los escarabajitos rosados nos separan, un muro, un mar y el silencio inmenso que se cruza entre nosotros cada vez que nos miramos. Silencio perfecto al oírte parpadear, tratando de esconder los pensamientos impuros que te repletan la cabeza; silencio ensordecedor al oír tu piel palpitar sobre la mía, separados por la marea amarga del miedo.
A veces me pregunto si es que yo también tengo tres pares de patas -al igual que los rosados malvados-, que las uso como camisa de fuerza para contenerme, para controlarme cuando estoy a tu lado. Que si no las tuviera probablemente saltaría a tu regazo, cual gato mañoso, apoderándome de tus piernas para no dejarte caminar si no me llevas a tu lado.
Me rindo, me confieso camaleón enamorado. Me pintaré la piel del color que tu quieras, sólo si me prometes dejarte ser pintado. No perdamos la posibilidad de manejar esta ciudad, de iluminarla con tu piel, con tus ojos color miel..
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