domingo, 30 de mayo de 2010

À Procura Da Batida Perfeita

Caminando entre calles grises, buscando el ritmo perfecto, voy y me mantengo, siempre en pie. Me siento golpeada, abatida, por los golpes de tu silencio, de tus palabras ausentes; camino con los brazos llenos de moretones a causa de tus golpes. Te lo he dicho una y mil veces, tu ausencia me duele, me hiere, me tortura y me enloquece. Estoy crucificada, atada, con los ojos reventados de tanto llorar. Estoy amarrada, pero no es tu culpa, es la mía, y bien yo lo sabía antes de que los eventos se atrevieran a suceder. Siempre tuve miedo, este maldito miedo, de que las cosas ocurrieran tal cual ocurren ahora; como nunca, como siempre. Camino con los pies descalzos, buscando el ritmo perfecto, no en tus caderas ni en las mías, y no sé quien la culpa tenía, lo único que sé es que tu silencio me abate, me embiste como toro a torero, y caigo.. Caigo, porque el torero siempre es el culpable, porque yo sola me ofrecí para jugar contigo, porque yo sola me metí a la arena a molestarte, ahora si me embistes, si me abates, no es tu culpa, es la mía. Mujeres gigantes, con manos grandes, con ojos grandes, con bocas grandes; me invitan a jugar, a caminar a su lado, a fumarnos un cigarrillo juntas en el baño con las patas abiertas. Todo se vuelve tan confuso cuando tu te pierdes y yo me encuentro con otra gente. Cuando entre la neblina me encuentro con la sonrisa cicatrizada, caminando siempre descalza, desnuda, tan frágil y solo para él, sólo por ese momento, ese maldito encuentro entre arena y mar. Me pierdo en su infinitud salada, en sus ojos color miel, en ese sabor a arena, fresco, tan fresco, sólo como él. Sigo en pie, sin ti, si ellas, sin él; no creas que voy a caer, no, no me verás caer ni por ti, ni por ellas, ni por él. Bien sabía yo que al rendirme a los placeres del alcohol, al caer en este juego etílico me tenía que saber mantener en pie, ceder a tentaciones, pero nunca en amores -no te enamores-, eso ya me lo prometí, sigo en pie. Y al parecer este ritmo nuevo, con sabor a Brasil, tiene más que ver conmigo de lo que yo me imaginaba, no hablo de encontrar mi ritmo perfecto, pero al menos encontré uno que me acompañe por el momento, ya que en este tiempo se está haciendo difícil caminar. Camino, escucho, las sombras en las calles, la neblina densa y el olor a humedad; hace tanto frío aquí que hasta los cigarrillos ya encendidos se apagan. El ambiente es hostil, no somos bienvenidos, caminar descalza por aquí es profanar tierra sagrada.. Y me siento perdida, sola en este lugar desconocido, del que empiezo a disfrutar, profanarlo es mucho más que simplemente pisarlo, es necesario desarrollar más de una habilidad para poder disfrutarlo, entre ellas esculpamos el amor. Me siento en una esquina, con los ojos vendados, todo en mi cuerpo grita represión, todo en mi cuerpo grita cansancio, me hace falta espacio entre tanta palabra para poder gritar, para poder llorar tranquila, sin arrepentimientos ni falta de canciones, porque el sonido envuelve y protege incluso en las peores ocasiones. Te necesito, necesito un ritmo que vaya con mi andar, que sigas mis paso, que me tome la mano y me ayude a avanzar. Te necesito sonido, entre calles grises ayúdame a caminar, golpeada, maltratada por el silencio de tus palabras sin voz, por el huracán de tus pestañas siniestras, por tus manos malditas, por mi piel escondida, tapada en escarabajos que huyen de la sal.

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