martes, 29 de diciembre de 2009

viaje de vuelta /2007/

Yo iba sentado atrás cuando la vi. Era una señora que venía, seguramente, del trabajo. La micro sólo tenía un asiento libre para ofrecerle. La señora avanzó hasta que vio que en el asiento de al lado iba un hombre con retraso mental. Ella se quedó de pie. El hombre le habló, le dijo que se sentara a su lado, pero ella siguió de pie porque se "bajaba luego".

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La micro continuó su camino y otro asiento se desocupó. Adelante mío iba una escolar. La señora se sentó a su lado. -Peculiar el comportamiento de la vieja-. La niña iba escuchando música, mirando por la ventana los semáforos veloces de la calle.

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De pronto la señora miró hacia el lado, abrió los ojos, puso cara de asco y se volvió a parar.

Caminó hacia adelante y después hacia atrás. Yo le ofrecí mi asiento -más que ser gentil fue por curiosidad- y ella se sentó ahí.

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Cuando iba camino a sentarme junto a la escolar, pensé que la niña podía haber vomitado o llevar fotos de escolares sólo usando una corbata y calcetas de colegio como las que llevaba yo dentro de mis cuadernos de la universidad. Miré hacia abajo y en realidad grande no fue mi impresión. Me imagino que a la señora simplemente no le caía bien la autoflagelación.

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Me puse a contar los cortes que la niña tenía en las manos. Cuando iba en el quinto corte ella me miró y me sonrió. Le pregunté si le dolían las manos, con qué, cómo y por qué lo hacía. Ella me contó todo, sin problemas. En cierta forma la entendí.

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Hoy sólo llevo en mis cuadernos fotos de una escolar en particular. Sale desnuda, con una corbata negra y calcetas blancas. Y también quedamos de acuerdo en que como accesorio las heridas y las cicatrices no quedaban mal.

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