Media dormida, sentí en mi rostro una sensación tibia, plastica, arrugándome la poca piel que tenía. Rasgó mis ojos, tocó mis labios, tiró de mis orejas y arrugó mi frente, mientras sentía en mi nariz su aliento dulce de medianoche. Puso mi cara entre sus manos y se acerco aún más, tanto que pude saber lo que ella olía. Inhaló nerviosa, su respiración se aceleró y, sin dudarlo otro segundo, presionó fuerte sus labios contra los míos. Abrí los ojos, sentí su lengua indagando en mi boca, jugando con mi lengua, con sus ojos cerrados, no dejó que ni una partícula de aire se interpusiera en nuestra comunión. No pude pestañear y creo que me dormí con los ojos abiertos sin saber en qué momento ella se separó de mí.
Me erguí, tirando hacia atrás las sábanas, buscando algún corte, alguna quemadura, si me faltaba o me sobraba ropa.. Nada. Todo estaba tal cual lo recordaba. Pensé en la posibilidad de un sueño. Esos sueños que sientes que te roban el alma, que son tan reales que cuando despiertas piensas que estás soñando. Nada.
Corrí por el pasillo. El día estaba nublado y un frío extraño me perseguía los pasos. Llegué y me paré frente a ella. Estaba en el suelo, al lado del sillón rojo, lamiendo el cuero, desnuda. En la muñeca izquierda tenía atados unos hilos negros, que subían y bajaban a lo largo de su brazo pálido. Me oyó, pero siguió sin inmutarse.
Dí un paso atrás. Me asustó. Las entrañas se me empezaron a quemar de rabia, de odio. Por qué no se paraba y me decía la verdad? Por qué no se paraba y me besaba de nuevo? Me sentía violada, tonta, ingenua.. Aún no entendía, si la noche anterior me había despertado, por qué no le hablé. Me quedé ahí, sin hacer nada, hasta que ella se paró.
Tomó una sábana del sillón y se cubrió. Estaba más pálida de lo normal. Podía ver sus venas mientras caminaba hacía mí, con la luz de la ventana pegándole en la espalda.
Se detuvo a mi lado y rozó con sus labios mi mejilla.
Susurró entre dientes "te necesito".
Y fue suficiente para saber que su beso nocturno era real, cuando sentí en mi piel ese dulzor amargo de su boca.
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