martes, 29 de diciembre de 2009

jugar en silencio /2007/

Ah! Y mi porfía va más allá de todo sentido común. Me falta, lo sé, lo sé. Aunque dije o pensé o sentí que me había rendido, no lo he hecho. Cada vez que tengo la posibilidad, secretamente oigo sus palabras, como si él mismo fuese quien me las dijera al oído.. Como una vez, sí, como esa vez.

Y me doy cuenta que yo soy una simple larva que se arrastra y sigue su camino sin destino. Él, en cambio, lo procesa todo, y se prepara para su vida, como un escarabajo, aunque ahora se sienta perdido..

Y qué no daría yo por ayudarlo! Qué no daría yo por ayudarlo a encontrar razones y motivos! Qué no daría por que él me diera lo que yo quiero darle! -No es que quiera darle- Y esto no es amor, ni nada por el estilo, es este sentimiento maldito de empatía -sinceramente no sé cual es la manera correcta de llamarlo- que me hace adorar a ciertas personas sin medir lo que hago, digo o pienso.

Qué pasa por mi cabeza cuando escribo esto? Qué pasa por mi cabeza cuando lo miro a los ojos? Qué pasa cuando no lo miro? Qué pasa cuando lo evito?

Y es verdad que me hace falta en el aire, no lo niego. Pero estoy más que segura que esto no es amor.. Al fin y al cabo, a nadie le haría daño si lo quisiera, pero yo sé que no lo es.

Y mientras yo sigo arrastrándome, preocupándome del día a día; él medita todo y me parece que se conoce bien. Mientras que para mí la vida es juego de un día, él se juega la vida cada día. Y sí sé que le cuesta existir, porque lo siento en sus ojos y en su caminar. Y también podría apostar que ni siquiera él se imagina todo lo que para mi significa. Y también sé que lo conozco mejor que nadie.

Maldito el día que se me ocurrió ser sombra de su destino. Maldito el día que se cruzó en mi camino. Maldito el día en que lo descubrí y maldito el día en que me volví adicta a él.

Sé bien que si leyera estas palabras, sabría que son precisamente para él. Y no las leería una vez, sino dos o tres. Y otras dos vueltas más, luego de saber que le pertenecen, para sentirse más dueño de ellas y de mí también.

Qué es lo que pasa por mi cabeza cuando lo veo? Qué es lo que pasa cuando sé que me busca dentro de el vacío de esta ciudad? Qué pasa por su cabeza cuando ambos nos volvemos cómplices de una estupidez?

Es mejor jugar en silencio. Día a día. En su presencia o en su ausencia. Es mejor jugar en silencio. Encontrarse bajo tierra, mientras él va cimentando su futuro y yo sólo me cruzo en su camino, casi casualmente.

Ambos sabemos que es juego.. Y el juego se acaba cuando se rompe el silencio.

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