Afuera se escuchan las campanas
y el viento trae la voz
de los evangelicos predicando
mientras mi cigarro se consume.
Me siento detenida, paralizada,
reprimida, silenciada..
Y el frío es lo único que me abriga
y siento que mi cuerpo se revuelve
entre las sábanas de mi cama todavía,
dando una vuelta y otras cien más
mientras trato de conciliar el sueño
-con dificultad, como siempre-,
media viva, media muerta
y quisiera que alguien tomara mi vida
y la llevara a una dimensión sicodelica
de fantasia y rumores infinitos.
Porque no soy capaz de llevarmela yo,
no tengo fuerzas para luchar
y no quiero malgastar mi tiempo
en sonrisas fingidas;
no tengo tiempo
entre mis pensamientos retorcidos
para compartir con más gente.
Y el humo trae paz
entre volutas azules que se quiebran
y se enredan entre mis pestañas.
Tengo ganas
de un sueño permanente
a través de tus ojos,
vivir inconciente.
Tengo ganas de una sonrisa
no esquiva ni indiferente.
Y me canso de esperar
y me repito que los milagros no existen,
los milagros no existen, no existen.
Que alguien tomara mi vida
y que me ceda, por compasión,
una muerte digna.
Y el silencio se sienta a mis pies
en el suelo inerte
y extraño en su vacío
-luego de tanto ruido-
el espacio que antes completaba su silueta,
perfecta creación
para quienes no pretenden hablar
dentro de esta ficción de cuarta
con escenografía barata y diálogos sin sentido.
Quiero perderme
bajo la tierra podrida,
humedecida con mis lágrimas
mientras sembraba maldiciones.
Quiero retroceder el tiempo
o apurarlo en su lento andar,
que no espero el minuto
en que logre salir de esta escena.
Busco fuerza, ánimo, motivos o razones
y no encuentro nada
entre mis manos, entre sus ojos,
entre palabras vanas,
más mudas que pronunciadas.
Estoy cansada del silencio
que ahoga, flagela, castiga,
y esas cicatrices, de dolor eterno,
son las que tengo enterradas
en los brazos, en las piernas, en las manos.
Buscar consuelo, buscar en vano,
al lamento silenciado
del sonido de su voz.
Estoy cansada de esperar,
cansada de soñar despierta,
cansada de albergar esperanzas
que sólo acarrean más desilusiones.
Quiero un cigarro, quiero otra chela
definitavemente.
Despierta, se oye el llamado
corriendo entremedio de las cortinas verdes.
Despierta, se oye y resuena en mi mente,
y aún no logro descifrar
si era la voz onírica de mi peor pesadilla,
para dormir eternamente;
o despertar a la realidad fatídica
y seguir viviendo en sueños.
martes, 29 de diciembre de 2009
despierta /2007/
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