Y no extraño
-no extraño-
las tardes de otoño
los jardines dorados.
No extraño tus manos
ni tus pies descalzos.
El viento de enero
el sabor de un naranjo.
No te quiero,
no te amo..
Vuelve a mí,
vuelve a mí!
No te quiero
ni te extraño.
No anhelo
en mis manos
tus manos.
El sabor del pasto,
el color de un cerezo.
No te amo,
no te extraño..
Vuelve a mí,
vuelve a mí!
Y si ya es demasiado tarde para olvidar, déjame decirte que las horas pasan hasta el segundo de morir. Que nadie se hace viejo hasta que termina de vivir. Que nunca es demasiado tarde para volver a sonreír.
Que tus palabras son agua que se escurre en mis ojos. Que me dañas, que me pesa el haber causado tanto daño. Y no es por tí, es por mí; porque la conciencia no descansa, porque no puedo dormir en paz.
Sabías que soy mentirosa compulsiva? Sabías que me lavo las manos sólo tres veces al día? Sabías que soy supersticiosa y siempre miro al cielo antes de dormir? Sabías que mientras lloro también sonrío? Sabías que siempre estuve enamorada de tus manos?
Cuántas cosas de mi no conocías! Cuántas cosas de mi nunca sabrás! Que yo no extraño a las personas. Y creo fervorosamente que el que se va de mi lado no me importará nunca más. Que a quienes verdaderamente quiero, las amo con toda mi razón y hasta sería capaz de dar mi vida por ellos. Que a quienes quiero a mi lado, por siempre, no los descuido ni un minuto. Y todo es por egoísmo, pero egoísmo del bueno, porque mi vida sin ellos no tiene sentido y soy capaz de vender mi alma e incluso mentirle al cielo sólo para tenerlos junto a mí.
Jamás extraño, porque a las personas que quiero no las dejo ir. Jamás extraño, porque las personas que se alejan son las que nunca me importarán.
No hay comentarios:
Publicar un comentario