martes, 29 de diciembre de 2009

mi casa /2007/

Llegué a mi casa y me saqué las zapatillas. Sentí el frío del suelo caminando bajo mis pies.

La casa estaba vacía y por fin ahora, cuando no tenía muebles, la logré sentir mía. Sus paredes blancas y desnudas y ni un sillón, mesa o silla estorbándome.. Descubierta a mi vista, exponiendo todos sus ángulos.

Me recosté en el suelo y a mi piel se pegó el vacío helado de su transparencia deshabitada. Por un minuto pensé que la conocía de memoria, las ventanas escondidas tras las cortinas blancas, un par de telarañas adornando mi descuido, la mesa redonda que escondía una esquina perfectamente limpia.

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Un día de invierno vi esta casa por primera vez -recordé- blanca, incluso más blanca que ahora, sin un mueble, tal cual la veo en este mismo momento. Y el tiempo pasó y yo la poblé de figuras y colores extraños, ajenos, la adorné, la vestí y quizá hasta la disfracé; y con ese mismo tiempo la fui olvidando en su estado puro, casi virginal.

Día a día llegué, sin prestarle demasiada atención, porque la conocía de memoria, porque pensé que no era necesario. La olvidé, por miedo. Pensé que si algún día la llegaba a ver desnuda otra vez, no iba a ser de mi pertenencia, lo que yo había creado y arreglado a mi comodidad. La olvidé, porque pensé que antes de vivir en ella, no tenía ninguna conexión conmigo.

La revestí de dorado, de verde, de rojo, de negro y azul. Le colgué árboles, iguanas, ríos y nubes. La tapicé con política, música y literatura. Tenía todo lo que yo quería -e incluso un poco más- pero aún así no era completamente mía. Tenía todo lo que yo era, y aún así no era mía.

Me maldije por ser tan ciega, porque no veía frente a mis ojos lo que era evidente incluso para un ciego. La tomé, la manipulé, pero nunca la aprecié por lo que era.. Y hoy, un maldito día de primavera me doy cuenta que si la hubiese dejado tal cual la conocí hubiese sido mía para siempre.

Descalza, me levanté del suelo frío. Me paré bajo el umbral de la puerta de entrada y aún no decido si abandonarla en el olvido o dejarla que me retenga entre sus brazos.

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