Pierrot y Colombina siempre estuvieron juntos. Los dos vestidos de naranjo y negro. Ella tenía un vestido con rombos y botones negros. Él tenía un pantalón naranjo y una camisa con botones y rombos negros, uno a cada lado, que a la vez hacían de bolsillos. Y a los dos le colgaban hilos de pies y manos.
Llegaron a mí gracias a la señora Elisa. Ella me los regaló un día que estaba lloviendo. Yo los ví, sentados a los pies de su cama y seguramente me brillaron los ojos. Los miré mucho rato, pero no los toqué. Antes de irnos ella me los entregó y me hizo prometerle que jamás los iba a separar, no importaba si pasaban frío, si se ensuciaban, siempre y cuando estuviesen juntos.
A Pierrot lo senté en el sillón de mi casa y a Colombina la senté a su lado. Los dos se abrazaron y yo apenas los tocaba porque no quería que quedaran el uno sin el otro. A Colombina jamás se le caían las largas pestañas que tenía. Y los dos siempre tenían la cara rosadita, yo creyendo que era por la felicidad de estar juntos.
Después de un tiempo me aburrí de verlos con hilos entorpeciendo sus abrazos y caricias. Un día en el patio los corté hasta que quedaron totalmente libres. Yo quería que fueran libres, que se sintieran libres, de estar juntos y al estar conmigo.
Pierrot siempre dormía a mi lado derecho y Colombina al izquierdo. Ellos me cuidaban mientras yo me quedaba dormida. Y cuando terminaba por dormirme ellos se abrazaban en mis sueños.
Los sacaba a tomar aire fresco. Los dejaba sentados en la ventana y yo salía a hacer cualquier otra cosa. A veces Pierrot y Colombina tenía ganas de hacer bromas y, sentados en la ventana, le tiraban besos a la gente que solía pasar por ahí.
Pero el tiempo pasó. Yo los tuve que dejar. Y ahí, en esa casa, finalmente se llenaron de humedad como tantos otros de mis recuerdos. Cuando volví a verlos, Pierrot y Colombina estaban llenos de moho. Igual me dediqué a dejarlos abrazados, esperando por el camión de la basura.
Y cumplí mi promesa. Seguramente cuando murieron, murieron abrazados, porque también me di el trabajo de coserlos, para que nunca nunca nunca se separaran
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