Lo más triste de todo es cuando no te creen y estás diciendo la verdad.
Cuál es la diferencia entonces entre mentir y no mentir? Mi conciencia limpia? Por favor! Nunca he tendio ese problema -y no es porque no tenga conciencia-.
Cuántas veces lo he tenido que soportar ya? Cuántas veces más lo tendré que soportar?
Y después me preguntan por qué reacciono tan mal, después me preguntan por qué me pongo violenta o reacciono de manera agresiva, por qué soy malditamente indiferente.
Por qué? Por qué lo hago? Por qué? Simplemente porque esa gente que no me cree me aburre. Es un desgaste de saliva y aire y una sobredosis de desilusión y rabia. Repetir y jurar hasta el cansancio que "te estoy diciendo la verdad", es una estupidez. Y es llorar y rogar que te crean porque estás diciendo la verdad y ni así te creen.
Entonces qué pasa? Me enojo y mando todo a la cresta. Para qué seguir hablando? Para que seguir llorando? Para qué seguir jurando? Son palabras al aire. Y me enojo, porque me duele, mando todo a la cresta porque quiero que no me importe más.
Aún así, yo decido cuándo mentir y cuándo no. Y también decido cuando no mentir si había mentido o no. Yo decido todo. Y no lo hago por mi. No es mentir porque me pese la conciencia, es mentir simplemente por mi conveniencia.
En todos los casos y de cualquier manera siempre será mentir o no mentir por mí.
Pero lo que más duele, es cuando por fin digo la verdad y la digo preocupándome de quien me pide la verdad y aún así ese alguien no me cree.
Por eso es que siempre tengo que pensar primero en mí, después en los demás.
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