He logrado mover el sol con la luna en mi manos a punta de empujones, de aferrarme a la vida y lo que más amo.. O lo que más necesito? He logrado pasar día a día manteniendo los días más viejos de mi vida vivos, aferrándome a las personas que están (o estuvieron conmigo) y apártandome lo más que pueda de las despedidas.
Dejar ir una persona es perder en cierta parte una fracción de mi vida, borrar inconcientemente los recuerdos y dejar que pasen los días. Toda esta aflicción por miedo a que pasen los días en cuenta regesiva.. En el desamparo de las noches, sin embargo, encontré consuelo y el mejor remedio para mantenerte vivo es no olvidarte..
El esfuerzo incontrolable es parte de la necesidad indeseable de mantenerme viva a pesar que muero día a día, recordar entre nubes negras tus dientes plateados -la sonrisa espléndida-, la lluvia en el pasto y tus manos de viejo dormidas, las pestañas lánguidas y humedecidas, un vaso de oro sobre la mesa rodeados de neblina tu y yo.
Te confieso que este mal no se detiene, ya sabes que la soledad y la angustia me devora, así como un día se apoderó de mis brazos, mi pecho y mis labios. La desolación de los días, el sueño sin descanso y las conversaciones superfluas no logran ocupar el vacío que tu presencia solía llenar. Te confieso que la soledad me agota y el espacio que abandonaste me desgasta aún más..
Lo peor de esta soledad -que la estela que tu dejaste suele llenarla más y más-, lo peor de todo, cariño, es que no sé si volverás, no sé si algún otro día me podrás consolar con el silencio de tu mirada. Tiene mi desconsuelo alguna solución, me das una esperanza?
Sobre mi cama yace el cuerpo de tu partida presionando levemente el mio, el peso de los años y la tristeza se hizo insoportable.. Finalmente, en el fin final de mis días, mi miedo más incotrolable se transformará quizá en alegría, el mal será la cura.. Mi muerte el fin de todos mis males.
No hay comentarios:
Publicar un comentario