Ella tomó al perro en brazos y tiró la oreja del niño con su mano derecha. Así se los llevó a la casa.
El niño a la pieza. El perro al patio. Castigados los dos. Sin comida, sin amor.
El niño se paró en la ventana y llamó al perro. Cuando el perro asomó el hocico húmedo a la ventana, el niño le contó un secreto.
-Hoy en la noche, cuando le rece a dios, le pediré por favor que se lleve a mi mamá al cielo-
-Sabes que pasa si se va ella al cielo?- le preguntó el perro, abriendo grande sus ojos oscuros.
-Sí lo sé. Ella se muere y no volverá nunca más de allá-
-Eso es verdad. Y por qué quieres que se vaya al cielo?-
-Porque ella dice que no se siente feliz aquí-
-Y sabes que pasa después que ella se va al cielo?-
-La dejan en un cajón bajo tierra-
-Y después?-
-Los gusanitos hambrientos intentaran comer su cerebro, las larvas se comeran sus ojos y las alimañas su corazón-
-Y acaso no te da pena?-
-No, porque su alma ya estará en el cielo y arriba sólo puede sentir felicidad. ni siquiera se enterará de lo que pasa con su cuerpo-
-Eso también es cierto-
-Lo sé-
-Entonces hoy, antes de dormir, reza porque tu madre se muera-
-Así lo haré-
Y así lo hizo el niño. Se hincó de rodillas frente a la ventana mirando al cielo y con los ojos cerrados le rogó a dios con todas las fuerzas de su corazón. Al otro lado de la ventana estaba el perro, oyendo el rumor fervoroso del niño. El perro, animal pero más sabio, sonrió ante la inocencia del niño, su deseo sólo se cumpliría si dios lo oyera, y dios sólo lo podría oir si es que de verdad existiera. Imposible, la mujer mañana seguiría igual de viva que infeliz.
Pasada la noche el perro no se equivocó. La madre estaba viva y el niño totalmente desilusionado. -No recé con suficientes ganas- él pensó. Y así pasaron semanas y meses, con la mujer sin morir y el niño cada vez más triste, pensando que dios no lo quería y era por eso que no le oía sus suplicas.
El niño dejó de comer, jugar y sonreir. El niño comenzó a enfermar. El niño comenzó a enloquecer. No entendía cómo su madre se resistía a la dulzura de un deceso sutil. Soñaba todas las noches con la muerte, lánguida, paciente y oscura, velando el sueño de la madre, demasiado fuerte para llevarla. Mientras tanto, el perro permanecía a su lado con más miedo de que la muerte se terminara llevando al niño y no a la mujer.
Así fue como un día, luego de tanto el niño delirar y el perro llorar, decidió hacer oir a dios las suplicas. Buscar a su manera la venganza que el niño tanto pedía ya. Y una tarde cualquiera, el perro atacó a la madre, mientras el niño dormía afiebrado, hasta que la mató.
Mujer en el cajón, descomponiendose en la tierra. Madre en el cielo, al fin feliz. Ella muerta, el niño sano.
Fue verdad, pero sólo por unos días. Finalmente el perro terminó suicidandose. Se tiró contra un camión la misma noche que encontró al niño de rodillas mirando al cielo y pidiendole a dios que lo llevara junto a su madre y ojalá de la misma manera en que la muerte a ella la mató.
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