[las cenizas a las cenizas
intenté recuperar mi sonrisa
en los pliegues de tu camisa.]
-Te das cuenta- le dije yo- que tus ojos se ven verdes acá arriba?- El sol le serpenteaba en los ojos, mientras me sonreía mudo.
-Pero yo no tengo los ojos verdes- me respondió ingenuo.
-Y qué más da lo que vos sabés, lo importante es como yo los veo- Él prendió su mirada en el suelo, estaba inquieto..
-Entonces desde hoy tengo los ojos verdes, sólo porque vos lo decís- dijo sin mirarme a los ojos.
Le quité el papel que revolvía entre sus dedos y lo abrí. Ni siquiera tuvo tiempo de hacer un ademán para sacarlo de mis manos.
Afuera se veía toda la ciudad y el sol me pegaba en la cara. Oí como su respiración cambió y el palpitar de su corazón se aceleró.
Abrí el papelito y en él estaba escrito mi nombre.. Él me sonrío otra vez y yo le sonreí de vuelta.
Y en esa tarde de lunes comprendí por qué desde ese día él tendría los ojos verdes.. Y sólo para mí.
[Abre en tus labios una palabra
y cierrala en el aire
antes que llegue a mis oídos;
rompe en un parpadeo
el silencio de una tarde de otoño
mientras yo aguanto la respiración
y cuento tus sonrisas.
Abre tus ojos a una mirada
piensa que este minuto es tan único
como tu o como yo,
abre mis ojos -con los tuyos-
verás que sólo los cierro
para guardar tu imagen en mi recuerdo.
Sabrás que todo es más fácil
si lo intentas
y entenderás que todo es posible
mientras duermas.
Al fin despierto
-tus ojos descubiertos,
tus retinas del desierto,
tu iris del mar muerto-
yo veré cambiar tus ojos
-para mi bien y tu maldición-
nos cambiaremos todos los colores,
seremos un único camaleón.]
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